“La falta de comprensión lectora es la base de todos los problemas”. Alerta por un deterioro que trasciende a España

  • Solo el 2% de los estudiantes españoles alcanzan el nivel necesario para abordar textos de más de 400 palabras
  • Pantallas, lectura superficial, pérdida de atención sostenida y el uso de la IA aparecen como factores de deterioro
Un recorte de papel que sale de un libro y muestra la silueta de un árbol y un niño sentado leyendo
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La lectura es una de las competencias en las que más ha empeorado el rendimiento de los estudiantes españoles, revelándose así un problema más profundo: si un joven no comprende bien aquello que lee, también pierde capacidad para resolver un problema matemático, interpretar una cuestión científica, relacionar conocimientos o desarrollar un pensamiento complejo.

Es uno de los mensajes que deja el informe PISA 2025, publicado por la OCDE, y que ha resumido la Ministra de Educación, Milagros Tolón, en una idea recogida por los medios de comunicación a nivel nacional: “La falta de comprensión lectora es la base de todos los problemas”. Y, en esta situación, todos somos parte del problema, pero también somos parte de la solución.

Hay señales de cierto agotamiento ante una vida digital que reclama atención permanente

Pantallas, lectura superficial, pérdida de atención sostenida y, más recientemente, el uso de la inteligencia artificial aparecen entre los factores que ayudan a explicar este deterioro. Pero alrededor de ellos empieza a producirse también un movimiento en sentido contrario. Hay señales de cierto agotamiento ante una vida digital diseñada para reclamar atención de forma permanente: el World Happiness Report 2026 recoge que el 47% de los jóvenes de entre 18 y 27 años desearían que TikTok no hubiera existido, mientras distintos países están avanzando en restricciones al acceso de los menores a las redes sociales. Australia ya lo prohíbe a los menores de 16 años y otros gobiernos estudian medidas similares. 

En cualquier caso, los resultados muestran un deterioro especialmente acusado en España, aunque también una tendencia internacional relacionada con la transformación de los hábitos de atención y lectura. España ha obtenido sus peores resultados desde que comenzó a participar en PISA en el año 2000 en las tres competencias principales que evalúa el estudio: lectura, matemáticas y ciencias. La prueba se realizó en 2025 a unos 30.000 estudiantes de 15 años de casi 1.000 centros españoles, la mayoría matriculados en 4º de ESO.

Y es en la lectura donde aparece uno de los datos más preocupantes. España obtiene 451 puntos, 23 menos que en 2022 y 45 menos que en 2015. La caída de la última década supera ampliamente el descenso medio de 28 puntos registrado entre los países de la OCDE.

La dimensión de esta diferencia se entiende mejor teniendo en cuenta la equivalencia que utiliza el análisis: aproximadamente 20 puntos representan un curso escolar. El retroceso acumulado en lectura respecto a 2015 equivaldría, por tanto, a más de dos cursos de aprendizaje.

Solo el 2% comprenden textos largos y complejos

Según recoge PISA, el 68% de los alumnos españoles alcanzan al menos el nivel 2 de competencia lectora. En ese estadio pueden identificar la idea principal de un texto de extensión moderada, localizar determinada información y reflexionar sobre su finalidad cuando se les pide expresamente. En el extremo superior, sin embargo, la proporción se desploma. Solo el 2% alcanzan el nivel 5, que implica ser capaces de comprender textos extensos, enfrentarse a conceptos abstractos o contraintuitivos y diferenciar hechos de opiniones a partir de indicios implícitos.

El responsable de la coordinación del estudio PISA y analista senior de la OCDE, Tue Halgreen, ha advertido de que los estudiantes encuentran dificultades ante textos de más de 400 palabras y tienden hacia una lectura apresurada. La preocupación reside precisamente en que leer no constituye una competencia aislada. “Si no entiendes lo que lees, es imposible que hagas un problema en matemática, en física, en química o en cualquier cuestión”, ha señalado Tolón en la Cadena SER.

Los hábitos de lectura apresurada y los mensajes breves que dominan la vida digital también explican el deterioro

PISA señala además un deterioro de la comprensión lectora que alcanza a numerosos sistemas educativos. España presenta una caída especialmente intensa, pero el problema trasciende sus fronteras. Entre las explicaciones que se están analizando aparece la transformación de los hábitos de lectura provocada por el entorno digital.

La Ministra Tolón ha relacionado los resultados con el uso de las pantallas y con “los hábitos de lectura apresurada y superficial” asociados a los mensajes cortos que dominan buena parte de la vida digital de los adolescentes. Desde Asturias, cuya puntuación se mantiene por encima de las medias española, europea y de la OCDE, su responsable de Educación, Eva Ledo, también ha apuntado a “la transformación en los hábitos de atención y de lectura”.

A la pérdida de atención se suma otra cuestión señalada en torno a los resultados de PISA: la perseverancia ante las tareas difíciles. Aprender implica también permanecer ante un problema cuando la respuesta no aparece inmediatamente, equivocarse, volver atrás y probar otra estrategia. Esa tolerancia a la dificultad resulta especialmente importante en matemáticas y ciencias, pero también en la lectura de un texto complejo. En un entorno acostumbrado a ofrecer respuestas, estímulos y recompensas inmediatas, recuperar la capacidad de sostener el esfuerzo aparece así como otra parte del desafío educativo.

El propio informe aporta otro dato relevante. En los países de la OCDE, los estudiantes de centros donde está prohibido utilizar el teléfono móvil presentan aproximadamente un 13% menos de probabilidades de declarar que sufren distracción digital.
Y españa ha avanzado rápidamente en esta dirección. En 2025, el 86% de los estudiantes estaban escolarizados en centros con algún tipo de prohibición del móvil, frente al 67% registrado en PISA 2022 y muy por encima del 49% de media de la OCDE.

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La IA entra por primera vez en el análisis de PISA

PISA 2025 incorpora además una variable que apenas existía en anteriores ediciones: el uso habitual de inteligencia artificial generativa para estudiar y hacer trabajos escolares. Así, el 54% de los estudiantes españoles aseguran utilizar chatbots de IA para aprender al menos una vez por semana, frente al 46% de media en la OCDE, según los datos difundidos.

Su utilización resulta especialmente elevada para realizar investigaciones preliminares sobre un tema: lo hacen semanalmente el 42% de los estudiantes españoles, frente al 31% de la OCDE. El 40% utilizan la IA para resumir textos que debían leer, diez puntos por encima del promedio internacional, y un 33% recurren a ella para redactar trabajos escritos. Solo el 8% afirman no utilizar nunca o casi nunca chatbots para ninguna de las tareas escolares analizadas.

El 40% utilizan la IA para resumir textos que deberían leer como tarea escolar

Estos datos no permiten reducir el deterioro de la comprensión lectora a una única causa. La propia OCDE plantea una relación más matizada. Según Halgreen, citado por La Vanguardia, existe una correlación negativa entre determinados usos de la IA y el rendimiento académico, pero la tecnología puede resultar beneficiosa cuando se utiliza “con moderación y propósito”.
La cuestión pasa entonces por qué trabajo intelectual delega el estudiante. Utilizar una herramienta para apoyar una investigación no plantea el mismo aprendizaje que pedirle que resuma precisamente el texto que uno debería leer, comprender y elaborar.

Plantear el debate únicamente en términos de más o menos tecnología sería, sin embargo, simplificarlo. La cuestión está también en qué se hace con ella y con qué propósito educativo: puede servir para personalizar el aprendizaje, atender necesidades diferentes o ampliar las herramientas de docentes y estudiantes, pero difícilmente puede sustituir procesos como la lectura profunda, la concentración, el pensamiento crítico o la interacción humana. El desafío está, por tanto, tanto en preservar esas capacidades como en enseñar a utilizar las nuevas herramientas sin delegarlas.

Un ecosistema de estímulos breves, multitarea y respuestas inmediatas

Los resultados han abierto también el debate sobre las causas estructurales del retroceso, difícilmente atribuible a un único factor. Desde Andalucía se ha señalado el impacto de la pandemia sobre el proceso educativo, mientras el Ministerio rechaza atribuir el descenso a la LOMLOE y recuerda que la caída se observa también internacionalmente. Pero el alcance de los datos invita a mirar más allá de una ley educativa, una comunidad autónoma o una generación concreta. Los adolescentes están creciendo dentro de un ecosistema construido alrededor de estímulos breves, desplazamiento infinito, notificaciones, vídeos cortos, multitarea y respuestas inmediatas. 

Así, PISA pone cifras educativas a una transformación social que afecta a cómo consumimos información, cuánto tiempo permanecemos ante una misma idea y cuánto espacio dejamos para la concentración y el pensamiento sostenido. Y esa transformación obliga también a pensar qué competencias necesitarán los estudiantes en los próximos años. PISA 2029 pondrá precisamente el foco en cómo los alumnos aprenden y se relacionan en un mundo atravesado por las tecnologías digitales y la inteligencia artificial. Reforzar lectura, matemáticas y ciencias resulta esencial, pero el horizonte educativo incorpora ya otra exigencia: aprender a relacionarse de manera crítica con tecnologías que formarán parte de su vida académica, profesional y cotidiana.

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En ese camino, las propias redes también pueden formar parte de la solución. Frente a una cultura digital marcada por el scroll infinito, las tendencias que se suceden a enorme velocidad y contenidos cuyo valor se agota en cuestión de días, fenómenos como “BookTok” han conseguido hacer de la lectura un elemento de conversación, pertenencia e identidad para una parte de los jóvenes. En 2025 se vendieron en España 6,3 millones de libros vinculados a recomendaciones de esta comunidad, por valor de más de 116 millones de euros, según datos de NielsenIQ BookData y Media Control. Más que plantear una oposición simple entre pantallas y libros, quizá una parte del reto consista precisamente en conseguir que leer vuelva a competir por la atención: que el libro también circule, se recomiende, genere conversación y, en definitiva, vuelva a estar de moda.  

Porque si comprender un texto largo empieza a resultar excepcional, el problema no termina en la nota obtenida en lectura. Afecta a la capacidad de aprender matemáticas o ciencias, pero también a otras habilidades esenciales para desenvolverse en una sociedad saturada de información: interpretar un argumento, detectar una contradicción, distinguir un hecho de una opinión,  perseverar ante un problema que no ofrece una respuesta inmediata o sostener la atención suficiente para desarrollar criterio propio.
Por eso, la comprensión lectora difícilmente puede entenderse únicamente como una responsabilidad de los centros educativos. Los hábitos digitales se construyen también en casa, en las plataformas, en los medios y en la propia sociedad porque comprender textos largos, al fin y al cabo, tiene que ver con la formación del criterio.

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