Soberanía digital: cuando la infraestructura tecnológica se convierte en ventaja competitiva

  • La dependencia tecnológica es un riesgo creciente en un mercado cada vez más volátil
  • Si bien la autonomía total es compleja, se puede potenciar a través de la portabilidad, interoperabilidad y los datos propios
Personas caminando por calle con sobreimpresiones digitales

La soberanía digital ha dejado de ser un concepto teórico. La capacidad de ejercer control y autonomía sobre los activos digitales y la infraestructura tecnológica es crítica para evitar los riesgos de asociados a la dependencia de terceros, y ha de ser abordada como un asunto estratégico. 

Lo es ya para naciones y estados en un contexto marcado por las tensiones geopolíticas, el dominio de grandes compañías de Estados Unidos o China, y los nuevos desafíos en materia energética. Muestra de ello son las medidas impulsadas desde Europa o la Hoja de Ruta para acelerar la Soberanía Digital presentada por el Gobierno de España en febrero con medidas vinculadas a a infraestructura pública digital, el uso del código abierto o la inversión en inteligencia artificial y centros de datos. 

La soberanía digital puede parecer invisible, pero es una cuestión tangible que afecta al día a día

Más allá del nivel marcoeconómico, debe serlo también para las empresas. La soberanía digital es una cuestión tangible que afecta a la operatividad del día a día y a cuestiones, aparentemente simples, pero fundamentales para el correcto desarrollo del negocio. Y es que ante cualquier factor adverso o cambio en las reglas del mercado o de los proveedores, como modificaciones de precios o términos de uso o restricciones de servicios internacionales, lo que se prometía como eficiencia puede tornarse en fragilidad. 

Pero la soberanía digital no consiste en eliminar esa dependencia, algo que sería ingenuo en un panorama globalizado e hiperconectado, pero sí en en gestionarla con criterio. Esto implica cambiar la forma en la que las empresas toman decisiones en diferentes áreas, pero especialmente en dos terrenos clave: el diseño de la arquitectura tecnológica y la gestión de los datos. 

La infraestructura, clave en la soberanía digital

Según explican a Reason.Why desde Dinahosting, empresa especializada en dominios y hostings, uno de los puntos principales para trabajar la soberanía digital es apostar desde la base por software Open Source. Se trata de tecnologías auditables, portables y sin dependencia de licencias, lo que permite evitar bloqueos tecnológicos y comerciales y garantizan la continuidad ante posibles cambios de precios o políticas.

También es importante contar con arquitecturas migrables y, de esta forma, tener la posibilidad de mover servicios de forma real entre distintos proveedores, stacks tecnológicos, infraestructuras o entornos cloud. Del mismo modo, tal y como apuntan desde la compañía, es imprescindible mantener el control total de los datos, sabiendo dónde se almacenan, quién accede a ellos y bajo qué jurisdicción se encuentran. 

En este sentido, impulsar la soberanía digital podría pasar por disponer de un dominio propio registrado y un hosting -o alojamiento web- en servidores locales para garantizar una mayor velocidad de respuesta, una menor latencia y el amparo bajo la normativa europea. 

Además, en el caso de negocios internaiconales, se puede contar con una CDN (Content Delivery Network), o lo que es lo mismo, una red de distribución de contenidos. Esta permite realizar copias en caché de loa archivos en servidores repartidos por todo el mundo, de tal forma que cuando se recibe una petición por parte de un usuario, los archivos se descargan el servidor más cercano geográficamente, reduciendo así los tiempos de latencia.

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La misma lógica puede aplicarse a los centros de datos, ya que una ubicación de proximidad también implica mayor velocidad y menor latencia, así como una adecuación a las normativas de protección de datos y seguridad. En este sentido, será más aconsejable que el data center que sostiene la infraestructura web esté en España o Europa, gestionada por empresas de la región, que en Estados Unidos o Japón, que operan bajo otros estándares. 

A la hora de elegir el proveedor conviene asegurarse de los sistemas de seguridad implementados para garantizar la conectividad. Las medidas abarcan desde sistemas de alimentación alternativos, baterías y grupos electrógenos redundantes para no perder la conexión, centros de datos de respaldo y líneas independientes de internet para mantenerlos operativos en casos de caídas de redes o incidencias energéticas. 
Además, es importante prestar atención al SLA (Service Level Agreement), o Acuerdo de Nivel de Servicio, que es el que han de cumplir los proveedores de cara a proporcionar un nivel de servicio adecuado a nuestros clientes, y a lo que deberían indemnizar en caso de incumplimiento. 

A esto habría que sumar, tal y como explican desde Dinahosting, otros aspectos. Entre ellos, la independencia de hardware trabajando con un enfoque multifabricante y evitando que toda la infraestructura dependa de los equipos y productos de un único proveedor. Y también las competencias internas de los partners, incluyendo la experiencia con sistemas abiertos, la formación del personal  o el soporte y los canales de asistencia. 

Los desafíos de la soberanía digital

Aunque las compañías son cada vez más conscientes de la importancia de la soberanía digital para la operatividad de los negocios, se enfrentan a diversos desafíos a la hora de abordarla y gestionarla. El principal de todos ellos es el dominio de las grandes tecnológicas como Amazon, OpenAI, Google, Microsoft, que ofrecen comodidad bajo la premisa de una oferta de servicios integrada y de pago aparentemente sencilla, pero que generan dependencia estructural. 

Pienso que el mayor desafío para la soberanía digital es la comodidad: es muy fácil que una empresa aloje todo -correos, calendarios, archivos, videollamadas, documentos- en Google o Microsoft porque su ecosistema es cómodo, fácil de usar y desplegar”, asegura Camilo Echevarne, Responsable de Sistemas Linux en Dinahosting, en conversación con Reason.Why. “Pero eso crea una dependencia total: si el proveedor cambia precios, condiciones o tecnologías, la empresa queda sin capacidad de reacción”.

La dependencia tecnológica puede agravarse ante el desarrollo de la inteligencia artificial

Señala también que esa dependencia puede verse agravada en el actual contexto de desarrollo de la inteligencia artificial. Si la base de una empresa es la inteligencia artificial y depende de un único proveedor, ya sea Google, Anthropic u OpenAI, significa que no podrá realizar migraciones fácilmente, que se experimentarán decisiones unilaterales en materia de privacidad o uso de datos y, en consecuencia, se perdería control sobre la evolución tecnológica del negocio. 

A esto, desde Dinahosting también apuntan a otros retos. Por un lado, la escasez de talento especializado capaz de operar infraestructuras basadas en estándares abiertos; así como de formación. Muchas empresas han externalizado la tecnología, pero también el conocimiento sobre cómo funciona y el resultado es una dependencia doble: de la herramienta y de quien sabe utilizarla.

Por otro lado, también se enfrenta la existencia de cadenas de suministro de hardware que, aún con proveedores multifabricante, impiden la total eliminación de la dependencia física. “La independencia total es compleja, pero sí es posible construir una arquitectura semiautónoma si se apuesta, como en nuestro caso, por estándares abiertos, infraestructuras migrables y proveedores múltiples”, comenta Echevarne. “En definitiva, gestionar la dependencia se logra con tres puntos clave: portabilidad, interoperabilidad y soberanía sobre los datos”.

Las implicaciones de la soberanía digital en el marketing

Más allá del impacto de la dependencia en el desarrollo tecnológico de la compañía, la soberanía digital es una cuestión que tiene implicaciones para la marca y la estrategia de marketing. La vinculación, tanto en servicios como en percepción, a terceros, y especialmente a las grandes firmas tecnológicas, puede afectar a elementos tangibles, como la experiencia de cliente, o intangibles, como la reputación o la confianza de los consumidores. 

Cuanto mayor sea la autonomía de la empresa, mayor será su control sobre la relación con los clientes. En este sentido, cobra relevancia la gestión inteligente de los datos propios y la priorización de canales directos para la comunicación, como la newsletter, el CRM, o los gestores de contenido propios. Con ello, aunque no se podrá alcanzar la independencia total, las marcas potenciarán su gobierno y control. 

La soberanía digital es un argumento comercial cada vez más valorado

Tal y como explican desde Dinahosting, el asunto es una cuestión que gana peso en las preocupaciones de todos los agentes: las empresas buscan continuidad y autosuficiencia tecnológica, mientras que los clientes exigen privacidad y el cumplimiento de RGPD. “Además, en nuestra experiencia, el usuario final está empezando a desconfiar de los gigantes tecnológicos y a valorar la transparencia, el control sobre los datos, la tecnología ética y la sostenibilidad digital”, asegura Echaverne. “Por lo que la soberanía digital es un argumento comercial cada vez más valorado”. 

En este sentido, trabajar la soberanía digital puede ser tanto una ventaja estratégica como un elemento diferenciador que aporte al posicionamiento de una marca. Para lograrlo se ha de entender que la inversión tecnológica va más allá de incorporar herramientas y obtener funcionalidades, y que requiere de la construcción de un ecosistema que permita cambiar, decidir y ser flexible para adaptarse al mercado y los consumidores. 

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