Un estudio con monjes budistas muestra cómo la meditación impulsa la actividad cerebral

  • Analizando la actividad cerebral de monjes expertos se concluye que la meditación configura de forma activa el cerebro
  • Más allá del estado de reposo mental, la meditación se asocia a una mayor complejidad de la señal neuronal
Una chica meditando con las manos en posición de concentración

En el imaginario popular, meditar suele confundirse con “vaciar la mente”: bajar revoluciones, silenciar el ruido y permanecer en una especie de pausa cognitiva. El problema es que el cerebro no es un interruptor y la atención tampoco. Un nuevo trabajo publicado en Neuroscience of Consciousness se mete precisamente en esa grieta entre mito y mecanismo: observar qué ocurre cuando meditan personas que llevan años entrenando la atención como si fuera un instrumento.  

El estudio reunió a 12 monjes de la tradición Thai Forest del monasterio Santacittārāma, cerca de Roma, todos con una experiencia muy elevada de práctica. El artículo reporta una media superior a 15.000 horas, con un rango amplio entre participantes. En un laboratorio de la Universidad de Chieti-Pescara (Italia), los investigadores registraron su actividad cerebral con MEG (magnetoencefalografía), una técnica no invasiva que mide los campos magnéticos generados por la actividad eléctrica neuronal.

El análisis desafía la idea de “cerebro en calma” como sinónimo de “cerebro en blanco” al meditar

Como parte de la investigación, se compararon dos estilos de meditación con lógicas atencionales diferentes. Samatha se describe como una meditación de atención focalizada que pasa por sostener la concentración en un objeto o, por ejemplo, en la respiración, para estabilizar la mente. Vipassana, en cambio, es una práctica de monitorización abierta que consiste en observar sensaciones, pensamientos y emociones conforme aparecen, sin seleccionar ni juzgar. Karim Jerbi, profesor de psicología en la Universidad de Montréal y coautor del trabajo, lo ilustra así: “Con Samatha, estrechas tu campo de atención, como si estrecharas el haz de una linterna; con Vipassana, al contrario, lo ensanchas.”  

Lo que este estudio pone sobre la mesa desafía la idea de “cerebro en calma” como sinónimo de “cerebro en blanco” al meditar. Y es que en ambos tipos de meditación, las señales cerebrales mostraron un aumento de complejidad frente a un estado de reposo o descanso con los ojos cerrados. Durante la meditación puede observarse cómo la actividad no desaparece, sino que se vuelve más rica en información y menos reducible a un patrón simple. El artículo cuantifica esa complejidad con varias métricas y el resultado general apunta a que, durante la meditación, el cerebro entra en un régimen dinámico distinto al del “descanso”.  

Tanto en Samatha como en Vipassana se observa más riqueza y dinamismo en la señal cerebral. En el caso de Samatha, ese efecto es todavía más consistente en algunas regiones del cerebro.

En paralelo, el equipo analizó la “criticidad” cerebral. Es un concepto importado de la física estadística que, aplicado al cerebro, describe la idea de operar cerca de una frontera entre orden y caos. En esa zona intermedia -si existe y si el cerebro la visita- se supone que las redes neuronales pueden ser suficientemente estables para transmitir información de forma fiable y, a la vez, suficientemente flexibles para adaptarse rápido a lo nuevo. En palabras del propio Jerbi, el exceso de rigidez dificulta la adaptación. La tesis de fondo es que un cerebro “bien ajustado” sería uno capaz de aprender, cambiar de tarea y responder con eficiencia.  

Y aunque Samatha y Vipassana aumentan la complejidad, no lo harían con la misma configuración dinámica. El trabajo utiliza, entre otros indicadores, un coeficiente de desviación de criticidad derivado del análisis de “avalanchas” neuronales. Los autores observan una tendencia a que Vipassana acerque más el sistema hacia ese punto de equilibrio, más “crítico”, mientras que Samatha se asocia a un estado relativamente más estable y concentrado. 

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Otra clave del estudio reside en cómo se analizaron las oscilaciones cerebrales. Muchas investigaciones sobre meditación han hablado de aumentos de actividad “gamma”, asociada a procesos atencionales y de memoria de trabajo. Este estudio, sin embargo, observa reducciones de potencia gamma durante la meditación cuando se separa el componente oscilatorio del componente aperiódico de la señal. La interpretación es que, sin esa corrección, parte de lo que parece un cambio en “gamma” podría ser, en realidad, un desplazamiento más amplio del fondo espectral. Es decir, medir bien importa, porque si no se separa lo que es “ritmo” de lo que es “ruido estructurado”, se puede atribuir a una banda de frecuencia lo que pertenece a la arquitectura general de la señal.  

La meditación puede ser un entrenamiento de mecanismos atencionales que module la dinámica cerebral

El marco general que propone el estudio es el de la meditación como entrenamiento de mecanismos atencionales que modula la dinámica cerebral. No se prometen milagros, pero esto sí encaja con la idea de que si la práctica implica dirigir y sostener la atención, debería notarse en cómo el cerebro organiza su actividad. Y eso puede ayudar a afinar intervenciones basadas en meditación para estrés, ansiedad o depresión, con una distinción relevante: no todas las meditaciones entrenan lo mismo ni llevan exactamente al mismo tipo de estado.  

Hay que tener en cuenta también que la muestra con 12 monjes es bastante reducida, dado que se trata de participantes muy difíciles de reclutar por su nivel de experiencia. Pero haber podido observar con MEG a estos meditadores expertos en condiciones controladas permite registrar una “huella” neurofisiológica de estados mentales que, durante siglos, se había descrito más bien desde dentro.  

Más info.: Artículo publicado en Neuroscience of Consciousness

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