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La escasez de microchips pone en jaque a los sectores tecnológico y automovilístico

  • La carestía de estos componentes provoca retrasos en las entregas de videoconsolas, smartphones o electrodomésticos
  • La mayoría de las fábricas de coches se han visto obligadas a cerrar temporalmente por la falta de semiconductores

Vivimos en una sociedad digitalizada, rodeados de dispositivos conectados entre sí y conectados con nosotros mismos, un ecosistema que ha mejorado nuestras vidas, pero que ha generado nuevas dependencias como la que se está manifestando en los últimos meses, en los que la producción de grandes compañías, de sectores diversos, está en jaque a causa de la escasez de un recurso indispensable: los chips.

Las ventas de productos electrónicos en la pandemia dispararon el uso de chips

Su demanda se disparó en 2020, con la población mundial comprando todo tipo de gadgets, algunos para el teletrabajo y otros para el entretenimiento, pero en todos los casos repletos de semiconductores cuya producción requiere un proceso exhaustivo que no puede acelerarse sin que ello perjudique el resultado.

Así, en los últimos años, estos conectores han dejado de ser un elemento exclusivo de la informática y han colonizado los productos de cualquier industria. Sirva como ejemplo la transformación de la automoción, que ha pasado de vender mecánica a conectividad en todos los frentes. Y esto precisamente ha provocado que sea uno de los sectores más afectados por la escasez de microchips, como también lo están siendo los fabricantes tecnológicos o de electrodomésticos, envueltos igualmente en esta espiral de carestía que ha puesto en evidencia la rigidez de los procesos de fabricación de estos componentes.

Y es que el auge del mercado de productos electrónicos tiene responsabilidad, pero el propio funcionamiento interno de la industria de semiconductores explica cómo se ha llegado a un punto en el que, por ejemplo, se han retrasado las entregas de videoconsolas como la PlayStation 5 o en el que se ha tenido que forzar la parada de fábricas de coches, ejecutando ERTE.

De hecho, para conocer el problema hay que conocer el propio sector dedicado a la fabricación de microchips, detrás del que están empresas como Intel, Qualcomm, AMD, ARM o Nvidia que se encargan propiamente del diseño, mientras que otras como TSMC, ASML o Samsung se centran en montarlos.

Aquí, cada eslabón de la cadena tiene su propio statu quo y a esto hay que unirle la hiperlocalización de las fábricas de semiconductores en países como Taiwán y Corea, considerados como “la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) de nuestros días”, un apelativo utilizado por la consultora TS Lombard y que muestra el traspaso de la dependencia de un recurso energético a la electrónica, hasta el punto de los grandes directivos de las principales compañías mundiales han llevado la palabra “microchip” a los discursos pronunciados en la presentación de los resultados.

La falta de chips provocará la caída de ventas de las videconsolas

Es el caso de Shuntaro Furukawa, Presidente de Nintendo, quien se vio obligado a rebajar la euforia por unos resultados históricos de la compañía con una advertencia por la escasez de los microprocesadores. La firma japonesa presentó un beneficio nunca antes visto de 3.649 millones de euros para su año fiscal (en el país nipón termina en marzo), pero que podría contraerse si no consiguen los componentes necesarios para responder a la demanda de su videoconsola Switch, que se disparó durante el confinamiento. Sin embargo, sus ventas podrían caer en 2021 un 11,5% por el problema de los semiconductores, en lo que sería el primer ejercicio en negativo de la videoconsola desde su lanzamiento en 2017.

“Nuestras previsiones para este año se basan en la premisa de que podremos asegurar las piezas necesarias para la fabricación de nuestros productos, de acuerdo a nuestros planes de venta, pero esto podría verse afectado por el suministro de componentes. Y también permanecen el riesgo asociado a la pandemia, algo que es difícil de predecir”, recoge el informe sobre los resultados financieros de Nintendo, al que se nos remite desde la filial española cuando preguntamos sobre cómo afectará la crisis de los semiconductores al futuro inmediato de una compañía que tiene más dependencia del negocio de las videoconsolas que otros competidores como Sony o Microsoft, pero que igualmente están sufriendo esta carestía a la hora de fabricar y entregar sus PlayStation 5 y Xbox Series X y S.

En lo relativo a PlayStation 5, la exigüidad ha estado presente desde su lanzamiento en noviembre de 2020 y los clientes se han encontrado frecuentemente con problemas de stock, incluso antes de agudizarse la crisis de los microchips. Y este problema se mantendrá durante 2021, tal y como avanzó Hiroki Totoki, Director Financiero de Sony, precisamente en la presentación de los resultados consolidados de la compañía, donde se puso de manifiesto la complicada vida comercial que está teniendo la PlayStation 5, de la que se vendieron 7,8 millones de unidades en el último semestre, casi las mismas que de la PS4 (7,4 millones).

“Esperamos tener un mayor volumen de ventas en el segundo año de vida comercial de la PlayStation 5, pero, ¿podremos incrementar drásticamente la cadena de suministro? Es bastante improbable”, señalaba el máximo responsable financiero de la compañía, que se había marcado el objetivo de igualar en el segundo año comercial de PlayStation 5 las ventas que había logrado la PlayStation 4 en su segundo ejercicio: 14,8 millones de unidades.

Y en este sector, es obligatorio mirar a AMD, fabricante de los procesadores y chips gráficos tanto de PlayStation 5 como de su competidora Xbox Series X y S y para la que el problema de la escasez de componentes no se resolverá hasta 2022, una situación que hace extensiva a ordenadores y otros dispositivos. De ahí que la intervención de Amy Hood, Directora Financiera de Microsoft, en la presentación de los resultados del segundo trimestre fiscal de la compañía, fuera en la misma línea que la de sus homólogos, anunciando problemas en la cadena de suministro, como mínimo hasta junio de este año. “La demanda significativa de Xbox Series X y S seguirá estando limitada por la oferta”, avanzó Hood.

Así, según informa un Portavoz de Microsoft a Reason.Why, "con la escasez mundial de chips en varias industrias, estamos trabajando lo más rápido posible con nuestros socios fabricantes y minoristas para acelerar la producción y el envío, con el fin de satisfacer la demanda sin precedentes de nuestros nuevas consolas Xbox".

De la autoprotección de Xiaomi al problema de las tostadoras inteligentes

Pero en este panorama de previsiones a la baja y recortes de producción, algunas compañías han adoptado una táctica ofensiva que se plasma en varias estrategias: por un lado, varias firmas han comprado por anticipado microchips, otras los han adquirido a diferentes proveedores en un fenómeno conocido como “doble reserva”, mientras que algunas están implementando desarrollos propios de estos componentes, aunque sea para resolver problemas puntuales; y finalmente, sobre todo firmas asiáticas, están llegando a acuerdos con las empresas suministradoras.

Pivotando sobre estas líneas de trabajo está Xiaomi, quien tenía un acuerdo con Qualcomm para tener de modo exclusivo en China sus procesadores de alto rendimiento. Pero la tecnológica planea ahora desarrollar sus propios chips 5G junto a Oppo, para evitar retrasos en los lanzamientos de algunos modelos, aunque esto podría repercutir en un incremento de los precios. Además, con este movimiento Xiaomi evitaría caer en un bloqueo similar al sufrido por Huawei con el veto establecido por el Gobierno de Estados Unidos con Donald Trump al frente.

Más complejo parece el escenario para Samsung, pese a estar también involucrado en el proceso de creación de chips. Así, la tencologíca podría posponer el lanzamiento del próximo Galaxy Note y tener problemas en la cadena de suministro de televisores y cualquier tipo de electrodoméstico. “Debido a la escasez global de semiconductores, estamos experimentando problemas sobre ciertos productos y componentes como pantallas. Estamos discutiendo con los minoristas y los principales canales sobre los planes de suministro para poder asignar las piezas a las referencias que tienen más urgencia prioridad”, señalaba Ben Suh, Responsable de las Relaciones con los Inversores de Samsung, en una comparecencia en abril.

Por su parte, Apple ha tenido que reducir la producción de los iPad y MacBook por la falta de componentes, según ha informado Nikkei, y esta situación podría afectar también a los iPhone, cuyo suministro estaría “justo”, según fuentes de la compañía, cuyo CEO, Tim Cook, señalaba el problema concreto en el balance trimestral: “Nuestro mayor problema está en los chips de nodos heredados, que están siendo usados, ya no solo en nuestra industria, sino en otros sectores”.

Y es que esta crisis está siendo global y transversal, afectando a la fabricación de electrodomésticos como lavadoras o tostadoras, que en los últimos años también se han puesto el apellido de “inteligentes” al dotarse precisamente de chips para dotarse de conectividad. Es el caso de la R180, autodenominada como smart toaster y que tiene una pantalla desde la que se controlan todos los parámetros.

“Estamos monitoreando de cerca la situación, porque ningún fabricante se va a librar del problema”, ha manifestado LG, uno de los gigantes en el sector de los electrodomésticos, que también anticipa un incremento de los precios si se prolonga una crisis en la que ocupan la última fila, por detrás de otros dispositivos que se consideran como prioritarios.

Las fábricas de coches sufren cierres temporales por la falta de chips

Y es que en otra época, la crisis de la escasez de microchips habría afectado a varios sectores localizados, pero en la sociedad digital el problema es transversal, tal y como se refleja en el impacto que está teniendo en la industria automovilística, donde las grandes compañías se han visto obligadas a detener la actividad en muchas de sus fábricas. De este modo, un sector que en el caso de España representa el 8,5% del PIB, afrontará otro complicado ejercicio después de un 2020 que ha dejado pérdidas millonarias, como la comunicada por Renault Group: 8.000 millones.

Justamente, el CEO de la marca francesa, Luca de Meo, admitía en la presentación del balance económico del pasado ejercicio que “2021 será un año difícil por las incertidumbres que generará la crisis sanitaria, pero también los problemas en el suministro de componentes electrónicos”. La propia Renault se vio obligada en abril a aplicar un ERTE en las fábricas que tiene en Valladolid y Palencia por la falta de semiconductores.

Pero la situación se repite prácticamente en todas las factorías españolas: Seat acordó ya en enero un expediente en su planta de Martorell que se prolongará hasta el 30 de junio, Stellantis acaba de aprobar sendos ERTE en Vigo y Zaragoza y la fábrica de Ford en Valencia ha parado 20 días por la falta de un único microchip, lo que pone en evidencia la vulnerabilidad que ha generado esta situación de escasez. “El problema es que aunque falte un chip de 10 céntimos, esto ya imposibilita vender un coche de 30.000 euros”, afirma Garauv Gupta en declaraciones recogidas por la CNBC.

Aunque algunas marcas han flexibilizado sus procesos para evitar precisamente conflictos que generan pérdidas millonarias. Es el caso de Nissan, que está sacando adelante algunos modelos sin sistemas de navegación o Dodge, que ha cambiado el espejo retrovisor inteligente de su pick up RAM 1500 por un estándar. La citada Renault ha dejado de ofrecer una pantalla digital de gran tamaño detrás del volante de su SUV Arkana para intentar ahorrar en chips, mientras que Peugeot está volviendo a los antiguos velocímetros analógicos para sus 308 en lugar de usar las versiones digitales, a la vez que General Motors ha fabricado sus Chevrolet Silverado sin un módulo de ahorro de combustible.

Pero en todos los casos son soluciones de emergencia para paliar consecuencias mayores. “Solamente en el último mes de marzo, la fabricación de vehículos en España ha caído un 13,3% respecto al mismo mes de 2019, a causa de una situación coyuntural de escasez de microchips que se suma a la baja demanda procedente de los principales mercados europeos, condicionando la producción nacional”, declara a Reason.Why José López-Tafall, Director General de Anfac, la patronal española de los fabricantes de coches, quien considera que lo que iba a ser una afección temporal se “está extendiendo más tiempo del inicialmente esperado y las previsiones apuntan que hasta después del verano no se retomará el ritmo normal de los microchips y se tardará un tiempo en ajustar el abastecimiento y la demanda de las fábricas para la producción”.

IBM advierte que la crisis podría prolongarse hasta 2023

Y en esta declaración del máximo responsable de los fabricantes automovlísticos españoles se condensa el sentir de los sectores afectados por lo que algunos han bautizado como el "chipaggedon", cuyas consecuencias se extenderán por lo menos hasta 2022. “Esperamos que las restricciones se alivien solo parcialmente en la segunda mitad del año, pero sus efectos se extenderán hasta el próximo ejercicio”, recoge un estudio de Bank of America donde se analiza como el sector de los semiconductores ha sufrido un ciclo sin igual en el que ha agotado todo el stock en cuestión de meses.

La gran cantidad de sectores implicados dificulta una solución temprana

Pero hay importantes actores implicados que van un paso más allá como es el caso de IBM, compañía que advierte que la crisis de escasez no se resolverá hasta 2023, añadiendo un año más a los vaticinios que hasta ahora se han realizado. Tanto es así que la tecnológica está preparando un plan de contingencia con un deadline que justifica por la gran cantidad de sectores implicados en la demanda de microprocesadores.

Así, según Jim Whitehurst, Presidente de IBM, existe "un gran desfase" entre el desarrollo de la tecnología y el ritmo al que camina la fabricación de chips. Para paliar estas diferencias, IBM buscará reutilizar y extender la vida útil de algunas tecnologías, así como acelerar la inversión en fábricas para aumentar su capacidad.

Y la postura de IBM, lejos de ser una consideración corporativista, es la manifestación pública de un comentario que empieza a rondar en la industria de la fabricación de semiconductores. Es el caso de Qualcomm y TSMC, cuyos portavoces han manifestado que están notando el impacto de la escasez. En el caso de la primera compañía, espera implementar una mejora en los procesos para finales de año mientras que la segunda ya sitúa la solución al problema en un horizonte que va más all´de 2022.

La Guerra Tecnológica entre China y Estados Unidos ha empeorado la situación

Otro factor que señalan los expertos como causante de esta carestía es la Guerra Tecnológica entre China y Estados Unidos, donde el gigante asiático tiene bajo su control un importante número de productores de componentes que se utilizan globalmente. El cambio de presidencia en la Casa Blanca podría haber aliviado la tensión, pero por el momento, en sus manifestaciones públicas, Joe Biden mantiene el tono beligerante que ya mostraba su antecesor Donald Trump.

“China no se convertirá en el líder mundial mientras yo sea presidente”, afirmó de modo contundente el Presidente de los Estados Unidos en marzo, en su primera rueda de prensa oficial. Cabe recordar que el año pasado, el Gobierno norteamericano impuso restricciones a Semiconductor Manufacturing International, la mayor fundición de China, impidiendo que comprara equipos avanzados para la producción de chips en lo que fue un disparo en el pie, puesto que esto se tradujo en problemas de suministro para empresas estadounidenses.

Por lo que ninguno de los implicados en esta crisis de abastecimiento espera una solución fácil a corto plazo, anticipando cuellos de botella y plazos de espera que actualmente están en las 16 semanas, el tiempo medio de entrega de un chip. Y tampoco se vislumbra la incorporación de nuevos productores de componentes ni la construcción de más fábricas, puesto que una infraestructura de este tipo requiere una inversión inicial de unos 10.000 millones de euros y un plazo de hasta cuatro años para que esté plenamente operativa, tiempo en el que el "chipaggedon" podría volverse crónico.