La procrastinación, es decir, el acto de aplazar tareas, es algo inherente al ser humano, pero se ha visto agravado, en parte, por las múltiples distracciones que ofrece el entorno digital. No obstante, existen otras causas, y muchas de ellas están vinculadas a diferentes tipos de personalidad. Saber identificarlas puede resultar fundamental para sobreponerse a un problema que afecta a la vida laboral, pero también a la personal.
Así lo establece el científico social de la Universidad de Cambridge, Itamar Shatz, en su libro “The Science of Why We Put Things Off and How to (Finally!) Stop”, publicado por el sello editorial Tarcher (Penguin Random House) en el mes de agosto. En él recoge los nueve arquetipos de procrastinadores que ha identificado atendiendo a decenas de estudios en psicología, economía conductual o neurociencia; y ofrece claves y consejos para dejar de posponer las cosas.
“La procrastinación no es solo una cuestión de motivación o mala gestión del tiempo”, ha comentado Shatz, según recoge la Universidad de Cambridge. “Estas son ideas erróneas muy perjudiciales. La procrastinación gira en torno a la lucha interna entre los elementos útiles de nuestro impulso a actuar y los elementos perjudiciales de nuestro impulso a postergar”. Así, considera que cada persona puede encarnar más de un tipo de procrastinador a la vez.
Estos son los 9 tipos de procrastinadores
Los que se preocupan
Son los que podrían definirse con “parálisis por análisis”, es decir, se preocupan tanto por que algo pueda salir mal que se paralizan y no son capaces de actuar. En este caso, se trata de personas que posponen tareas que saben que deben hacer, incluso si cuentan con una fecha límite, para evitar posibles problemas.
Así, según Shatz, quienes encajen en este perfil han de analizar sus miedos, desglosar las tareas y gestionar el perfeccionismo.
Los pesimistas
En este perfil encajan personas que tienden a subestimarse, por lo que suelen creer que no tiene sentido realizar la tarea. El temor a fracasar es la principal causa para posponer las metas, por lo que, según el autor, deben trabajar en fortalecer su autoeficacia y apoyarse en una red de aliados que los ayuden a superar sus miedos.
Los perfeccionistas
Al contrario que los procrastinadores que se preocupan, este grupo se caracteriza por obsesionarse con la perfección y que todo salga bien. Shatz considera clave, en este sentido, dejar de lado las expectativas poco realistas, así como las comparaciones con los demás. "El progreso imperfecto sigue siendo progreso, y es mucho mejor que quedarse estancado esperando la perfección", asegura el autor.
Los soñadores
Shatz define a los soñadores como aquellos que “pasan el tiempo fantaseando con el futuro, a expensas de hacer lo que necesitan en el presente”. De nuevo, fantasías asociadas a la perfección pueden constituir una barrera para este tipo de personas a la hora de realizar tareas. Reconocer la forma en que procrastinar afecta al presente y establecer pasos para alcanzar las metas son algunas de las claves para actuar.
Los que zigzaguean
Este tipo de procrastinador se caracteriza por moverse constantemente de una tarea a otra, y cambiar continuamente el foco de su atención, lo que dificulta notablemente la concentración. De cara a actuar y alcanzar metas, es recomendable que se estructuren los planes atendiendo a objetivos específicos, así como identificando los pasos necesarios para lograrlos. Además, también es aconsejable crear entornos de trabajo que reduzcan tentaciones y distracciones, aprovechar momentos de productividad y buscar ayuda en personas para mantener la concentración.
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Según el autor, los procrastinadores rebeldes posponen las tareas porque sienten que no tienen control sobre lo que sucede en su vida y buscan reafirmar su autonomía y vengarse de figuras de autoridad a las que guardan rencor. En este sentido, encontrar razones propias para realizar las tareas siguiendo estándares propios, en lugar de responder a las expectativas de los demás, es clave.
Los que buscan emociones
Este tipo de procrastinadores son los que disfrutan de contar con una fecha límite inminente y se apresuran por terminar todo en el último minuto. Como en casos anteriores, el miedo puede ser un motor de este tipo de comportamiento. Para combatirlo, se invita a encontrar maneras para que resulte atractivo actuar antes, como establecer plazos adicionales para alcanzar las metas.
Los hedonistas
Los hedonistas, según apunta Shatz, son aquellos que se preocupan demasiado por sentirse satisfechos en el momento y muy poco por lograr lo que realmente necesitan hacer. A este respecto, invita a encontrar fuentes de motivación, tanto internas como externas, y eliminar las posibles tentaciones del entorno.
Los agotados
Los procrastinadores agotados se caracterizan por postergar las tareas simplemente por estar demasiado cansados para hacer lo que tienen que hacer. Esto se produce cuando han estado trabajando demasiado o realizando un trabajo estresante o poco útil y que les provoca el síndrome del “burnout”. En este sentido, se aconseja priorizar el bienestar, tanto mental como físico, y dormir o descansar lo suficiente.
Causas y peligros de la procrastinación
Además de identificar nueve arquetipos de procrastinadores, el libro también recoge reflexiones sobre las causas de la procrastinación, así como su posible impacto en la vida de las personas. Entre otras cosas, Shatz apunta que las crecientes distracciones del entorno digital pueden agravar el problema, puesto que puede resultar complejo alejarse y desvincularse de aplicaciones, plataformas y juegos que brindan una oferta constante de contenido optimizado, precisamente, para captar la atención y el tiempo de los usuarios.
Además, tal y como recoge la Universidad de Cambridge, asegura que el trabajo moderno también puede provocar la procrastinación porque muchas de sus tareas son difíciles de abordar a un nivel psicológico básico. “Hace mucho tiempo la gente necesitaba hacer cosas con consecuencias bastante claras e inmediatas, como cazar (o morir de hambre)”; comenta. “Era poco probable que la gente procrastinara en esas tareas porque el impulso de no morir de hambre es poderoso y visceral. Hoy en día, con frecuencia tenemos que hacer cosas vagas con consecuencias futuras inciertas, como enviar informes por correo electrónico”.
En el libro, Shatz también analiza el impacto de la procrastinación, que en el periodo de estudios universitarios puede dar lugar a peores calificaciones o, incluso, al fracaso completo del alumno. En el ámbito laboral, se estima que la procrastinación cuesta a las empresas unos 20.000 dólares por empleado al año en Estados Unidos, debido a las cerca de dos horas diarias de media que los trabajadores dedican a procrastinar.
La productividad personal será una habilidad esencial en la mayoría de trabajos
Además, apunta que evitar la procrastinación será más difícil y también más importante a medida que se consolida el uso de la inteligencia artificial; y vaticina que la productividad personal será una habilidad esencial en la mayoría de trabajos. Por otro lado, el autor también indica que la procrastinación puede interferir en el ambiente de trabajo. Puede generar resentimiento en los compañeros si éstos tienen que asumir la falta de trabajo de otro.
También puede perjudicar a las relaciones personales, al provocar discusiones con las personas con las que se convive en el hogar al aplazar o no realizar las tareas prometidas. E impactar en el bienestar emocional o, incluso, la salud física, debido al estrés, la vergüenza, la culpa o el arrepentimiento que genera aplazar la realización de tareas, al conducir a comportamientos poco saludables como acostarse demasiado tarde, hacer poco ejercicio o posponer las revisiones médicas.
Cómo superar la procrastinación
La procrastinación, tal y como explica Shatz en su libro, responde al principio de hedonismo, esto es, la búsqueda natural de intentar aumentar el placer que experimentamos y disminuir el dolor. El ser humano tiende a realizar actividades que le hagan sentir bien y a evitar aquellas que puedan hacernos daño, como cuando vemos videos graciosos para olvidar una tarea desagradable de nuestra lista de pendientes. Eso se une al hecho de que las personas están programadas para enfocarse en lo que tienen inmediatamente delante, lo que desemboca en un impulso a hacer lo que nos haga sentir mejor en ese momento, en lugar de lo que es mejor a largo plazo.
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Superar la procrastinación requiere, entre otras cosas, la planificación de posibles obstáculos; la eliminación de distracciones y la resistencia a las tentaciones; el diseño de un entorno que favorezca la productividad; la división de las tareas abrumadoras en pasos manejables; el establecimiento de objetivos sencillos; el rechazo del perfeccionismo; y aprovechar los ritmos de productividad.
“Superar la procrastinación no consiste en exprimir al máximo cada minuto de productividad”, señala el autor. “Se trata de ayudarte a hacer lo que quieres, cuando quieres, sin culpa ni estrés. La clave está en que puedas elegir cómo empleas tu tiempo, en lugar de que la procrastinación te arrebate esa libertad”.