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Hemos dejado la seguridad en manos de la tecnología

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Hemos dejado la seguridad en manos de la tecnología

  • Una vez cubiertas las necesidades biológicas básicas, el ser humano de la era digital quiere sentirse seguro
  • Arena Media Tech&Trends reflexiona sobre cómo la tecnología ha cambiado la seguridad en los últimos años

“El miedo paraliza. Sentirse seguro es algo fundamental en nuestra era”. Así ha empezado su intervención en la VI edición de Arena Tech&Trends el Strategic Planner de Arena Media Barcelona, Robert Hernández.

Según su visión, una vez que el ser humano tiene cubiertas las necesidades biológicas, de las que ha hablado la Directora de Proyectos Estratégicos de Arena Media Madrid Leticia Michelena en este “R E C O N F I G U R A D O S: Procesando una nueva versión del ser humano”, el siguiente nivel en la pirámide de preocupaciones sería la seguridad.

“La diferencia entre un ser primitivo y uno moderno es la sensación de sentirnos seguros”, ha explicado Robert. “Cuando nos sentimos atacados estamos más cerca de los seres primitivos que de los racionales”.

La seguridad en la era digital

Después de poner al ejército como una de las grandes fuentes de innovación en seguridad de la historia (citando el ejemplo fundamental de la invención de Internet), el Strategic Planner de Arena Media Barcelona ha recordado: “Somos la primera generación en dejar la seguridad en manos de la tecnología”. Acto seguido ha puesto el ejemplo de Dubai que planea que el 25% de sus policías sean robots en el año 2030 o el caso de China que cuenta con tecnología de recocimiento facial en los edificios del gobierno para determinar qué ciudadanos son “buenos” y cuáles “malos”.

"Somos la primera generación que ha dejado la seguridad en manos de la tecnología"

Esta sería la cara oscura de la tecnología, pero también tiene su contra positiva. En este sentido, Robert se ha referido a un estudio realizado en Nueva York sobre 750.000 condenados a prisión. Ha contado que se entrenó un algoritmo para generar veredictos en los juicios que luego se compararon con los veredictos reales de los jueces. El algoritmo detectó que el 1% de las personas cometía el 62% de los crímenes. Sin embargo, el 50% de los jueces dejaban libres a estas personas declaradas culpables tecnológicamente de tal manera que, si se respetase lo indicado por el algoritmo, descendería un 25% la tasa de crímenes.

“Uno de los crímenes que está creciendo exponencialmente es el cibercrimen. Se gastan 3 millones de euros cada año en combatirlo”, ha destacado Robert mencionando casos como el rastreo de las operaciones bancarias online, crímenes relacionados con el sector de la defensa y operaciones terroristas que se gestan en Internet. Sin embargo, “esto es solo la punta del iceberg”, ha advertido.

El 50% de los casos de cibercrimen están respaldados por un Estado

Robert ha soltado esta afirmación antes de mencionar el caso de la campaña en favor de la salida del Reino Unido de la Unión Europea. Los partidarios del Brexit detectaron que había 3 millones de personas que normalmente no votaban. Como resultado, generaron 1.000 millones de anuncios personalizados para cada persona de tal manera que cada uno recibía exactamente el mensaje que quería escuchar, aunque no fuese cierto. “De esta forma consiguieron cambiar la historia de una de las democracias más antiguas de la historia”, ha asegurado al tiempo que ha lanzado una advertencia: “Están jugando con nuestra seguridad y nosotros no somos conscientes de ello”.

Probablemente Facebook no nació con el "objetivo oscuro de cambiar las democracias”, ha señalado Robert. Sin embargo, desde el momento en que hay 3.000 millones de personas entrando en una red social entre ocho y doce veces al día, se generan patrones de comportamiento que permiten cosas como que:

 Facebook puede saber antes que tú que te estas enamorando de alguien

“Esa información es como la pólvora. Si la coge alguien que quiere hacer cosas peligrosas con ella podemos salir perjudicados”, ha continuado Robert Hernández.

Además, ha puesto el acento también sobre la siguiente encrucijada: “Cuando la naturaleza genera un problema, normalmente la respuesta está en la tecnología, pero cuando la tecnología causa un problema, en nuestra era la tecnología sigue siendo la respuesta”. Su reflexión pasa por cambiar esta última ecuación de manera que, cuando la tecnología genere un problema, seamos “nosotros como sociedad quienes generemos la respuesta. Si lo dejamos en manos de un algoritmo", advierte, "perdemos totalmente el control”.

Y terminado con dos reflexiones finales:

¿Qué precio dispuestos a pagar por sentirnos seguros?

“Como especie el miedo nos ha hecho evolucionar. Sin embargo ahora estamos anestesiando. El propio miedo nos da tanto terror que tratamos de evitarlo. Creo que vivimos en un momento incierto en el que quizás es bueno empezar a sentir miedo y ver cómo nos desarrollamos con ese miedo”.