¿Puedo decir algo?
Ese algo es nada, pero hemos querido comenzar este artículo recurriendo a la táctica que articula la tendencia que actualmente recorre las redes sociales, especialmente X. Las plataformas se han plagado de publicaciones que insinúan dramas, conocimientos secretos u opiniones veladas, y su autor ni explica el contexto ni amplía la información. Se trata del “vagueposting”.
La tendencia no es nueva, pero se ha concretado en los últimos meses atribuyéndole, como suele ser habitual, un término anglosajón. La práctica existe desde el nacimiento de las redes sociales, o, incluso, desde las interacciones humanas. Antes se identificaba como “vaguebooking” y aludía a la publicación de estados emotivos y enigmáticos en Facebook que buscaban suscitar curiosidad y llamar la atención del resto de usuarios, como publicar "el peor día de mi vida" sin dar más detalles.
Sin embargo, la tendencia ha resurgido en las últimas semanas, con las redes llenándose de expresiones como la que encabeza este texto, u otras como “chicas…”, “qué? QUE?". En su mayoría, son publicaciones que implican algún contenido multimedia, con lo que se empuja al resto de usuarios a reproducir el vídeo o ampliar la imagen para conocer más acerca de lo que se referencia.

Los usuarios se han percatado del incremento de este tipo de publicaciones y han expresado su descontento en las redes sociales. “Estamos en una pandemia de ‘vageposting’" o “He sobrevivido a muchas eras en esta maldita aplicación, pero 'vagueposting puede ser lo que finalmente me aleje de aquí”.
Muchos se sienten frustrados debido a que una enorme cantidad de las publicaciones en la plataforma no significan realmente nada, puesto que carecen de contexto e información.
Si bien parte de la tendencia puede encontrarse en que los usuarios se han cansado de explicar todo a todo el mundo, la principal razón de su repentina popularidad es el algoritmo que rige la red social. Los textos imprecisos invitan a hacer clic en las publicaciones, a explorar los comentarios de otros usuarios o, incluso, a realizar preguntas al respecto para obtener más información, por lo que generan engagement y se ven beneficiados por el algoritmo en detrimento de aquellos que sí que explican lo suficiente como para leerlos sin hacer clic en ellos.
De esta forma, X retroalimenta la actividad en su propia plataforma. La sección de comentarios atraerá a multitudes de usuarios pidiendo pistas, o invocando a Grok para obtener contexto o una explicación generada por la inteligencia artificial. No obstante, los usuarios también han aprendido a identificar el “vagueposting" y lo reflejan también en las respuestas a través de comentarios o memes.

La práctica no se da sólo en X, sino también en otras redes sociales y plataformas. Por ejemplo, también es habitual encontrar contenido ambiguo en YouTube bajo grandes títulos o miniaturas de vídeo manipuladas que prometen contenido impresionante, y que luego resulta no serlo. Aplicado a los medios de comunicación, el “vagueposting” podría considerarse homólogo del “clickbait”.
La tendencia, incluso, ha abrazado la autorreferencia y se ha convertido en una parodia, con usuarios compartiendo otras publicaciones de “vagueposting” con comentarios ambiguos o creando contenido específico sobre la práctica y sus implicaciones.
El “vagueposting” con sus pensamientos a medio formar, clips despojados del contexto necesario y cebos diseñados para provocar la participación, se ha convertido en una nueva palanca para tratar de activar la cada vez más reducida atención de los usuarios. No obstante, sumado a la cada vez mayor cantidad de contenido basura generado por la inteligencia artificial, cabe preguntarse por la utilidad y relevancia del contenido en plataformas digitales.




