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Los medios y las tecnológicas, entre los protagonistas de las peticiones del Papa Francisco para acabar con las "estructuras de pecado"

  • El líder de la Iglesia Católica ha hecho peticiones a gobiernos, políticos y corporaciones para construir un mundo mejor
  • “Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano”

Salario universal, reducción de jornada, liberación de patentes, fin de estructuras monopólicas… Esas son algunas de las cuestiones que han ocupado las más recientes peticiones del Papa Francisco para construir un mundo mejor después de la crisis global generada por la pandemia. Las trasladó el pasado sábado a través de un videomensaje con motivo del IV Encuentro Mundial de Movimientos Populares y suponen un llamamiento a la acción de la sociedad, más allá del necesario cambio personal, para “ajustar nuestros modelos socio-económicos para que tengan rostro humano”.

En sus palabras, el líder de la Iglesia Católica ha agradecido el trabajo de los representantes de movimientos populares de todo el mundo por tratar de mejorar el bienestar de todas las personas con “tierra, techo y trabajo, cuidado, comunidad”. No obstante, ha centrado el grueso de su discurso en interpelar a gobiernos, políticos, empresas y líderes religiosos para impulsar su actuación en la consecución de dicho objetivo. “Este sistema con su lógica implacable de la ganancia está escapando a todo dominio humano. Es hora de frenar la locomotora, una locomotora descontrolada que nos está llevando al abismo. Todavía estamos a tiempo”, ha comentado el Papa.

Nueve peticiones

Así, en sus peticiones, realizadas “en nombre de Dios”, ha solicitado en primer lugar a los grandes laboratorios que liberen las patentes porque, según ha apuntado el Santo Padre en su mensaje, “hay países donde solo tres, cuatro por ciento de sus habitantes fueron vacunados”. Por ello, desea que “tengan un gesto de humanidad y permitan que cada país, cada pueblo, cada ser humano tenga acceso a las vacunas”.

También ha solicitado a los grupos financieros y organismos internacionales de crédito que condenen las deudas de los países pobres, “tantas veces contraídas contra los intereses de esos mismos pueblos”, para que puedan “garantizar las necesidades básicas de su gente”. Del mismo modo a las grandes corporaciones extractivas —mineras, petroleras—, forestales, inmobiliarias, agro negocios, que “dejen de destruir los bosques, humedales y montañas, dejen de contaminar los ríos y los mares, dejen de intoxicar los pueblos y los alimentos”.

Asimismo, ha solicitado a las grandes corporaciones alimentarias que dejen de imponer estructuras monopólicas de producción y distribución, puesto que “inflan los precios y terminan quedándose con el pan del hambriento”. Y ha reclamado a los fabricantes y traficantes de armas que cesen totalmente su actividad. “Una actividad que fomenta la violencia y la guerra, y muchas veces en el marco de juegos geopolíticos que cuestan millones de vidas y de desplazamientos”.

Como ya hiciera en anteriores ocasiones, como la publicación de la encíclica “Fratelli tutti” o la entrevista concedida en 2019 a Jordi Évole para el programa “Salvados”, el Papa ha vuelto a hacer peticiones a las compañías tecnológicas. En esta ocasión ha querido pedirles que ”dejen de explotar la fragilidad humana, las vulnerabilidades de las personas, para obtener ganancias, sin considerar cómo aumentan los discursos de odio, el grooming, las fake news, las teorías conspirativas, la manipulación política”.

Además, a los medios de comunicación ha vuelto a solicitarles que a lógica de la post-verdad, la desinformación, la difamación, la calumnia y “esa fascinación enfermiza por el escándalo y lo sucio”, para que “busquen contribuir a la fraternidad humana y a la empatía con los más vulnerados”. Del mismo modo, ha apelado a la voluntad divulgativa de los gigantes de las telecomunicaciones para que “liberen el acceso a los contenidos educativos y el intercambio con los maestros por internet para que los niños pobres también puedan educarse en contextos de cuarentena”.

En su interpelación a los gobiernos, el Papa ha pedido el cese de agresiones, bloqueos y sanciones unilaterales contra cualquier país en cualquier lugar de la tierra. “No al neocolonialismo. Los conflictos deben resolverse en instancias multilaterales como las Naciones Unidas. Ya hemos visto cómo terminan las intervenciones, invasiones y ocupaciones unilaterales; aunque se hagan bajo los más nobles motivos o ropajes”; ha destacado en su discurso.

En esta misma línea, ha invitado a los políticos de todas las naciones a cuidarse de “escuchar solamente a las elites económicas tantas veces portavoces de ideologías superficiales que eluden los verdaderos dilemas de la humanidad”. Y ha llamado a los líderes religiosos a nunca usar el nombre de Dios para fomentar guerras ni golpes de Estado. “Es necesario que juntos enfrentemos los discursos populistas de intolerancia, xenofobia, aporofobia, como todos aquellos que nos lleve a la indiferencia, la meritocracia y el individualismo; estas narrativas solo sirvieron para dividir nuestros pueblos y minar y neutralizar nuestra capacidad poética, la capacidad de soñar juntos”.

Salario universal y reducción de jornada

Además de estas peticiones, el líder de la Iglesia Católica ha propuesto dos medidas concretas con la intención de alcanzar algunos cambios significativos. En encuentros pasados con los Movimientos Populares, el Papa Francisco habló de la integración urbana, la agricultura familiar o la economía popular, y en esta ocasión ha puesto el foco en el terreno laboral, abogando por el salario universal y la reducción de la jornada de trabajo.

Considera el ingreso básico como una manera de acceder a los bienes elemantales de la vida

En su opinión, el ingreso básico (el IBU) o salario universal constituye una herramienta clave para que todas las personas puedan “acceder a los más elementales bienes de la vida”. “Es tarea de los Gobiernos establecer esquemas fiscales y redistributivos para que la riqueza de una parte sea compartida con la equidad sin que esto suponga un peso insoportable, principalmente para la clase media”, ha señalado el Papa en su discurso.

Por otro lado, ha destacado la reducción de la jornada laboral para garantizar un mayor acceso al trabajo para todos. “En el siglo XIX los obreros trabajaban doce, catorce, dieciséis horas por día. Cuando conquistaron la jornada de ocho horas no colapsó nada como algunos sectores preveían”, ha comentado el Santo Padre en su mensaje. “Trabajar menos para que más gente tenga acceso al mercado laboral es un aspecto que necesitamos explorar con cierta urgencia. No puede haber tantas personas agobiadas por el exceso de trabajo y tantas otras agobiadas por la falta de trabajo”.

Con todo, el Papa es consciente de que aunque necesarias, estas dos medidas no son suficientes. Según apunta, no resuelven el problema de fondo, así como que tampoco garantizan el acceso a la tierra, techo y trabajo de calidad y en cantidad, ni tampoco contribuyen a resolver los enormes desafíos ambientales actuales. “Pero son medidas posibles y marcarían un cambio positivo de orientación”, ha afirmado al mencionarlas.

Soñar juntos

En sus palabras, el Papa ha invitado a soñar juntos para construir el futuro y “no volver atrás”. Ha invitado a usar la imaginación, que define como “ese lugar donde la inteligencia, la intuición, la experiencia, la memoria histórica se encuentran”, para “crear, componer, aventurar y arriesgar”. Del mismo modo, ha recordado que fueron los sueños de libertad e igualdad, de justicia y dignidad los que mejoraron el mundo.

Para ello ha hecho hincapié en la necesidad de “romper las ataduras de lo fácil y la aceptación dócil de que no hay otra alternativa” para salir de la actual crisis derivada de la pandemia. “Hace falta soñar. Me preocupa que mientras estamos todavía paralizados, ya hay proyectos en marcha para rearmar la misma estructura socioeconómica que teníamos antes, porque es más fácil. Elijamos el camino difícil, salgamos mejor”.