Con motivo del Día Mundial contra el Cáncer, la Ligue de Football Professionnel (LFP) francesa, junto a los clubes de Ligue 1 y Ligue 2 (las dos primeras divisiones del fútbol francés), puso en marcha una iniciativa que consistió en la creación de unos gorros con los colores de cada equipo, destinados a aquellos aficionados que sufren alopecia derivada de tratamientos oncológicos. Se trata de una edición que no estará a la venta y cuyo vehículo ha sido hacer del merchandising deportivo un gesto de apoyo.
La propuesta se apoya en el doble sentido del término francés “supporter”, que significa animar a un equipo, pero también soportar o resistir. Así, la campaña parte de una realidad: la enfermedad afecta físicamente y también puede generar aislamiento y distancia respecto a la comunidad. Para muchos seguidores, el estadio es identidad y vínculo, así que cuando el tratamiento obliga a alejarse, esa conexión puede debilitarse.
Según una investigación europea citada en esta iniciativa, la soledad puede aumentar el riesgo de mortalidad en pacientes oncológicos. Frente a ello la LFP, en colaboración con el Institut Rafaël, ha decidido responder desde su propio territorio, apelando al sentimiento colectivo.

Los gorros han sido diseñados específicamente para pacientes en tratamiento con un material suave, transpirable y no irritante, inspirado en el tejido de las camisetas oficiales de los equipos.
Al renunciar a la lógica comercial y declarar que los gorros “nunca se venderán”, la LFP introduce una ruptura significativa en el lenguaje del patrocinio y la explotación de marca de los clubes de fútbol. El producto deja así de ser un instrumento de monetización para convertirse en un símbolo de acompañamiento
La iniciativa se ha acompañado de un vídeo rodado en Auxerre, Brest, Saint-Étienne y Toulouse, con la participación de jugadores profesionales y aficionados actualmente en tratamiento.