Lego Group ha dado uno de esos pasos que solo se permite una marca que ha construido su relevancia sobre la coherencia. En el CES que se está celebrando esta semana en las Vegas, la compañía ha presentado Lego Smart Play, un nuevo sistema de juego interactivo que introduce sonido, luz y comportamiento en las construcciones físicas, sin romper con su ADN analógico ni empujar a los niños hacia otra pantalla más.
La propuesta nace de una tensión muy concreta: cómo seguir siendo relevante para una generación nativa digital sin traicionar la esencia del juego creativo y abierto. Así, Smart Play responde a ese reto con una solución a través de la cual las creaciones reaccionan al movimiento, a la proximidad y al contexto del juego, generando sonidos y comportamientos que acompañan la imaginación del niño en lugar de dirigirla.
Lego Smart Play es su mayor avance desde la introducción de la minifigura en 1978
“Todo lo que hacemos está impulsado por un apetito constante por la innovación”, ha explicado Julia Goldin, Chief Product & Marketing Officer en LEGO Group, quien subraya que la tecnología se ha desarrollado con una lógica educativa y de largo recorrido, no como un efecto puntual. La propia compañía ha reconocido que Lego Smart Play es su mayor avance desde la introducción de la minifigura en 1978 y lo concibe como una plataforma pensada para el próximo siglo de juego, compatible con los bricks de 1958 y con los que aún no existen.
El sistema se articula en torno a tres elementos:
- El Smart Brick, externamente indistinguible de una pieza estándar, integra sensores, acelerómetros, un pequeño altavoz y un chip propio desarrollado por Lego. Reacciona según cómo se mueve, se gira o se coloca dentro de la construcción.
- Los Smart Tags permiten modular comportamientos, sonidos y luces, y pueden interactuar entre sí para crear respuestas más complejas.
- Las Smart Minifigures, por su parte, incorporan “personalidades” programadas, con estados de ánimo y reacciones que se manifiestan a través del propio ladrillo.
La clave está en que todo funciona sin conexión a internet, sin aplicaciones y sin inteligencia artificial. Lego ha decidido, al menos por ahora, mantenerse al margen del hype de la IA. “Creemos que hoy existen enormes oportunidades que no requieren IA”, señala Tom Donaldson, Vicepresidente Senior y responsable del Creative Play Lab. En este sentido, la prioridad ha sido diseñar una experiencia duradera, capaz de convivir durante décadas con el resto del sistema Lego. Y no habrá obsolescencia porque las mejoras llegarán vía software, no sustituyendo hardware.
Ocho años de desarrollo
El desarrollo de Lego Smart Play, tal y como explican desde la compañía, comenzó hace casi una década, tras una serie de estudios realizados en 2017 que identificaron tres expectativas claras entre los niños: jugar de forma social, que sus acciones tuvieran consecuencias reales dentro del juego y que la experiencia evolucionara con el tiempo. El desafío para Lego fue integrar esas demandas en su sistema de juego histórico sin romperlo. Para ello, reunió a un equipo multidisciplinar con expertos en ingeniería, diseño, sonido, experiencia de usuario y computación, con una ambición clara: lograr que las construcciones físicas reaccionaran de forma coherente a los personajes, al contexto y a la manera en que se manipulan, abriendo un territorio inédito en el juego físico.

Tras años de prototipos y pruebas, Lego descartó el uso de pantallas y dispositivos externos para mantener la tecnología en segundo plano y preservar la esencia del juego. El resultado fue un sistema técnico completamente nuevo basado en Smart Bricks con carga inalámbrica, sensores, sonido y un sistema de posicionamiento propio desarrollado desde cero, capaz de identificar la relación entre bricks, etiquetas y minifiguras.
Como reconocen desde Lego, el proyecto estuvo a punto de abandonarse tras varios intentos fallidos, pero un último ajuste permitió hacerlo viable y dio lugar a un portfolio de 25 patentes.
Como parte de ese proceso, Lego desarrolló también un chip ASIC específico para Smart Play, más pequeño que una espiga Lego, que permite generar un paisaje sonoro dinámico y prácticamente infinito, haciendo que cada interacción cobre vida sin recurrir a pantallas ni limitar la creatividad.
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Así, a partir de 2026, este nuevo sistema permitirá que las construcciones Lego cobren vida y reaccionen a la forma en la que juegan los niños, gracias a los bricks inteligentes que responden al movimiento, a la proximidad y al contexto, ampliando las posibilidades narrativas del juego físico sin desplazarlo, sino permitiendo que evolucione.
En un mercado del juguete tensionado, Lego cerró 2024 con ingresos récord de 10.800 millones de dólares y mantuvo el crecimiento en la primera mitad de 2025. La competencia por la atención infantil es cada vez mayor, pero la compañía parece convencida de que la respuesta no pasa por parecerse a una tablet.