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Con un millón de likes, me sentiría mucho mejor

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Con un millón de likes, me sentiría mucho mejor

  • ¿Cuántas veces consultamos el móvil buscando un me gusta o una recomendación?
  • La exposición a los demás puede ser reconfortante en ocasiones, pero en otras se vuelve en nuestra contra

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¿Cuántas veces al día revisamos el móvil en busca de una recomendación sobre un artículo compartido en LinkedIn, un me gusta en un comentario en Facebook, un corazón en una foto de nuestra última escapada en Instagram o un match en Tinder?

Vivimos expuestos a los demás esperando un reconocimiento, una aprobación, una evaluación constante de nosotros mismos, de lo que somos y cómo somos, y eso en ocasiones puede ser reconfortante y satisfactorio, pero en otras, se vuelve en nuestra contra produciendo decepción, tristeza o estrés.

Estamos viviendo una etapa en la que la tecnología se ha convertido en un agente transformador de todos y cada uno de los niveles de las necesidades humanas de la pirámide de Maslow, como ya nos adelantaban @Leticia, @Robert, @Pablo o @Miguel en sus reflexiones de Arena Tech and Trends. El desarrollo tecnológico nos ha dado facilidades para cubrir dichas necesidades, pero quizá también, nos las ha complejizado; nos ha generado nuevas motivaciones, nos ha dado herramientas, pero quizá también, nos ha condicionado, nos ha limitado. ¿Estaremos entonces mentalmente preparados? ¿Tendremos la capacidad de elegir el camino correcto?

¿Realmente nos hace sentir mejor el juego de me gusta y recomendaciones?

Y es que detrás de cada innovación tecnológica estamos las personas, con nuestros miedos, nuestras alegrías, egos, vergüenzas… En definitiva, estamos llenos de emociones y sentimientos, y yo me pregunto, más allá de facilitarnos la vida, ¿realmente nos hace sentirnos mejor? ¿mejora nuestra AUTOESTIMA? ¿mejora nuestro amor propio? Si no es así, entonces tampoco nos facilita la vida.

Es por ejemplo, La Paradoja de Internet (Kraut, 1998), la que formula que una tecnología eminentemente social como es la Red, puede acabar reduciendo la implicación social y el bienestar psicológico de sus usuarios, incrementando la depresión y la soledad. Pero a mí personalmente, me resulta muy complicado separar la personalidad de cada uno del comportamiento, de las acciones, es decir, ¿alguien que no deja de seguir e idealizar influencers en Instagram, comparándose con ellos, lo hace porque tiene baja autoestima y necesita referentes, o es el uso del medio el que le puede hacer sentir peor por no ver alcanzados esos referentes aspiracionales generándole así cierta frustración y malestar? Entonces, ¿qué fue antes, “el huevo o la gallina”?

Sólo en nuestras manos y en las de los grandes actores de las diferentes industrias está elegir ese camino correcto. No sólo buscando un interés económico, de rentabilidad, sino fomentando primeramente un bienestar personal, individual.

Así, por ejemplo, players como Facebook o Google, quienes precisamente ocupan una gran parte de consumo de nuestro tiempo, están dando pasos hacia delante en una buena dirección, construyendo unas políticas de uso de sus medios que fomentan la “amabilidad de la comunidad”, poniendo así frenos a temas tan preocupantes como el bullying online o el “descanso en el consumo”, tratando de reducir los visionados de contenido excesivamente prolongados.

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Las palancas que pueden contribuir a mejorar cómo nos sentimos, a mejorar también nuestra autoestima, a entender cómo juzgamos a los demás y somos juzgados nosotros mismos, están ahí, son muy potentes, pero debemos poner control y conciencia sobre el uso que hacemos de ellas.

Tenemos la obligación de no caer en la falta de respeto o pérdida de credibilidad

Tenemos la necesidad y obligación cada uno de nosotros de encontrar el equilibrio perfecto y no caer en pérdida de valores, de falta de respeto, de credibilidad. Al contrario, debemos romper barreras discriminatorias, mejorar relaciones sociales, afectivas, generar satisfacción personal al superar ciertas fobias, etcétera, y para todo esto la tecnología tiene soluciones que deja en nuestras manos.

Hablaremos de sensorización, traducción simultánea, realidad virtual y mucho más el próximo 26 de noviembre durante la sexta edición del encuentro anual Arena Tech & Trends, en la que  expondremos nuestras reflexiones, para que al menos, os despertemos interés, curiosidad y por qué no, ciertas dudas.

¿La tecnología nos permitirá mostrar las cualidades buenas de cada uno haciéndonos sentir mejor tanto a nivel personal como contribuyendo al bienestar de los demás o por el contrario despertará nuestra peor versión de nosotros mismos?