Una tote bag naranja aparentemente convencional que puede transformarse en un chaleco salvavidas autoinflable en aproximadamente 15 segundos. Esta es la propuesta de Lifeline, un proyecto artístico y de diseño presentado en Nueva York para plantear una pregunta: ¿qué ocurre cuando un equipo pensado para una emergencia empieza a parecer un objeto razonable para el día a día?
La pieza ha sido creada por un grupo independiente de artistas y profesionales creativos de Nueva York, liderado por Philip Le Brun, artista y director creativo, y Gabriela Mestriner, artista, diseñadora y arquitecta. Lifeline no está a la venta ni pretende llegar al mercado. Sus responsables la definen como una intervención situada entre el diseño, la protesta y la reflexión sobre el cambio climático.
La pieza se sitúa entre dos universos: el accesorio de moda y el equipamiento de emergencia
El proyecto se ha presentado coincidiendo con la Climate Week NYC, que se celebra del 20 al 27 de septiembre, y también ha aprovechado el contexto de la semana de la moda neoyorquina. La elección busca precisamente situar la pieza entre dos universos: el accesorio de moda y el equipamiento de emergencia, el consumo y la supervivencia. “Tomamos el objeto más cotidiano, una tote bag, y lo replanteamos para una ciudad que está en primera línea del cambio climático”, explica Le Brun.
Lifeline parte de uno de los objetos más habituales en las calles de Nueva York. A primera vista funciona como una bolsa convencional, pero una cremallera central permite abrirla para introducirla por la cabeza y llevarla sobre el cuerpo. Al tirar de sus correas se activa un mecanismo de inflado procedente de la tecnología utilizada en los chalecos salvavidas. El resultado es una transformación que dura alrededor de 15 segundos y que permite que el objeto pase de funcionar como bolsa a actuar como elemento de flotación.

La idea surgió a raíz de las imágenes de las inundaciones que han afectado al metro y a otros espacios de Nueva York durante episodios meteorológicos extremos. En lugar de plantear una solución real para este problema, los creadores han llevado ese escenario hasta sus últimas consecuencias mediante el diseño de un objeto que parece útil precisamente porque el contexto que lo haría necesario ya no resulta completamente inverosímil. “El principio general de este proyecto es un objeto esencial que no debería existir”, resume Le Brun.
Mestriner insiste en esta diferencia: “El proyecto no trata de diseñar una solución para las inundaciones”. Su objetivo es cuestionar qué condiciones hacen posible imaginar que un objeto de estas características pueda llegar a ser necesario.
En el texto conceptual del proyecto, la diseñadora profundiza en esa contradicción y plantea Lifeline como “un ensayo especulativo” sobre las condiciones culturales y ambientales que podrían dar lugar a un objeto que nunca debería necesitar existir. La transformación de la bolsa busca poner frente a frente conceptos como comodidad y emergencia, consumo y supervivencia, privilegio y vulnerabilidad.
Los primeros prototipos se desarrollaron utilizando una única chaqueta impermeable producida en serie, aprovechando sus costuras, proporciones, cierres y limitaciones como punto de partida para construir la nueva pieza. Posteriormente se incorporó un chaleco salvavidas inflable reutilizado, que fue modificado y termosellado para integrar el mecanismo de inflado instantáneo. La versión final utiliza aproximadamente tres yardas de nailon, dos cremalleras invisibles de poliéster, cuatro yardas de cordón negro y cuatro cierres metálicos ajustables.
Todo el proyecto ha sido realizado físicamente y de forma local. Sus responsables destacan además que no se utilizó inteligencia artificial ni para desarrollar el objeto ni para producir las imágenes de la campaña. El proceso avanzó mediante sucesivas fases de fabricación, prueba, desmontaje y adaptación.
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El proyecto se ha difundido mediante contenidos en redes sociales y cartelería en zonas como Soho y Brooklyn, tratando el objeto casi como si fuera el lanzamiento de un nuevo accesorio. “Lifeline no propone una solución, ni a las inundaciones ni, desde luego, a algo tan complejo como la crisis climática”, explica Le Brun. El creativo define el proyecto como un ejercicio especulativo que invita a imaginar la necesidad de utilizar el objeto y, al mismo tiempo, preguntarse por qué ese futuro resulta cada vez más plausible.