Rimowa lanza una campaña surrealista con Nicholas Braun (“Succession”) como protagonista

  • El actor protagoniza una serie fotográfica donde el equipaje se transforma en objeto de apego
  • Entre yoga, pintura y cereales, la marca recupera el absurdo sofisticado de la publicidad de moda clásica
Nicholas Braun sentado en el suelo comiendo cereales dentro de la mochila de Rimowa

Rimowa ha decidido alejarse de la claridad conceptual propia de la publicidad en marcas de lujo y tomar el camino contrario. Su última campaña, protagonizada por Nicholas Braun -conocido por su papel como Cousin Greg en “Succession”- tiene un tono narrativo deliberadamente desconcertante.

El actor aparece abrazado a una mochila de aluminio plateado con forma de maleta rígida. La lleva mientras practica yoga. Mientras pinta una puerta. Incluso mientras desayuna cereales directamente desde el interior del equipaje. Las escenas no explican nada sobre el producto y es precisamente ahí donde reside la intención de la marca.

La serie está firmada por el fotógrafo británico Nigel Shafran, cuyo trabajo ha sido descrito como una acumulación de imágenes conectadas entre sí, secuencias aparentemente cotidianas donde siempre subyace una lógica interna difícil de verbalizar. En esta campaña, esa lógica parece orbitar en torno a la idea del apego.
Y es que Braun no simplemente lleva la mochila; se aferra a ella como si fuera un objeto de seguridad. Un accesorio de lujo tratado como objeto emocional.

 

 

 

 

 

La campaña recuerda a cierta publicidad de moda de finales del siglo XX: imágenes bellas, incómodas o absurdas que no buscaban explicar el producto, sino elevarlo a categoría cultural. En ese sentido, Rimowa parece recuperar una tradición donde la narrativa racional es sustituida por una atmósfera sutil.

La pieza puede leerse como una exageración consciente del vínculo que los consumidores establecen con determinados objetos de lujo. Porque, más allá de su funcionalidad una maleta o mochila como esta representa también identidad, viajes, status o memoria. Convertirla en una suerte de talismán doméstico, colocándola en escenas como pintar una puerta o desayunar, es llevar esa lógica al extremo.

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El trabajo de Nigel Shafran se ha descrito como imágenes de “sencillez cotidiana impactante” que siempre contienen un grado de ironía lúdica pero adie sabe exactamente si la broma va dirigida al espectador. Ese tono ambiguo atraviesa también la campaña de Rimowa. Al presentar la mochila como un objeto del que no separarse, ni siquiera en situaciones absurdas, Rimowa desplaza el discurso del viaje hacia el territorio del apego

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