Las botellas que se colocan delante de los futbolistas durante las ruedas de prensa ocupan cada cierto tiempo un protagonismo que las marcas, probablemente, preferirían evitar. En esta ocasión ha sido Kylian Mbappé quien ha apartado una botella de Gatorade situada frente a él durante su comparecencia previa al partido contra el Inter de Milán, dejando claro que no quería que el producto figurara en el encuadre durante su intervención.
Más allá de las razones concretas que hayan motivado la decisión del jugador, que no se han explicado de momento, el gesto vuelve a poner sobre la mesa una circunstancia particular de los patrocinios deportivos: las marcas pueden contratar espacios y presencia dentro de una competición, pero tienen un control mucho más limitado sobre la relación que los protagonistas establecen con ellas.
El precedente de Cristiano Ronaldo y Coca-Cola
La escena remite inevitablemente a una de las anécdotas publicitarias más recordadas de la Eurocopa de 2020, disputada en 2021. Durante una rueda de prensa de Portugal, Cristiano Ronaldo apartó dos botellas de Coca-Cola colocadas ante él, levantó una de agua y pronunció un contundente “¡Agua!”.
El gesto resultó especialmente mediático porque, además, Coca-Cola era uno de los grandes patrocinadores del campeonato y mantenía entonces una relación de más de tres décadas con la UEFA. La compañía respondió recordando que ofrecía a jugadores y entrenadores diferentes alternativas y que estos eran libres de elegir qué bebida consumir.
En el caso de Mbappé, no ha habido un pronunciamiento similar contra Gatorade pero, cinco años después del episodio de Ronaldo, la escena recuerda que la enorme visibilidad que ofrece el deporte a sus patrocinadores también conlleva un riesgo. Cuando una botella comparte plano con algunas de las figuras más reconocibles del mundo, un gesto así puede alterar sustancialmente el significado de una presencia de marca diseñada y negociada de antemano.