La adopción de la inteligencia artificial en las empresas ha dejado de ser una cuestión tecnológica para convertirse en un problema organizativo, cultural y estratégico. Así lo refleja un informe elaborado por Writer y Workplace Intelligence, que evidencia una creciente fricción entre el impulso corporativo hacia la IA y la respuesta de los equipos. El dato más significativo es que el 29% de los empleados reconocen haber saboteado, de alguna forma, la estrategia de inteligencia artificial de su compañía, una cifra que se eleva al 44% entre los profesionales de la Generación Z.
Esta resistencia se traduce en comportamientos concretos: desde ignorar directrices o rechazar herramientas, hasta introducir información sensible en plataformas no autorizadas o manipular métricas para cuestionar su eficacia. Lejos de ser anecdótico, el 76% de los directivos consideran este fenómeno como una amenaza para el futuro de sus organizaciones.

*Nota al lector: El estudio ha sido elaborado por Writer en colaboración con Workplace Intelligence a partir de una muestra de 2.400 profesionales en Estados Unidos, Reino Unido y Europa. La investigación combina la visión de 1.200 directivos de nivel C-suite con la de 1.200 empleados -incluyendo perfiles junior, mandos intermedios y responsables de equipo-, con el objetivo de analizar la adopción de la inteligencia artificial generativa en el entorno laboral desde ambas perspectivas.
La IA se usa más, pero convence menos
El informe describe un escenario de adopción masiva sin retorno proporcional. La inteligencia artificial forma ya parte del día a día laboral: el 70% de los empleados y el 94% de los directivos utilizan herramientas de IA al menos 30 minutos al día, y una parte relevante las emplea durante varias horas. Sin embargo, este uso intensivo no se traduce en resultados sólidos.
El 59% de las compañías destinan al menos un millón de dólares al año a inteligencia artificial
Casi la mitad de los ejecutivos (48%) reconocen que la adopción ha sido una “gran decepción”, y solo el 29% afirman haber obtenido un retorno de inversión significativo. A pesar de ello, la inversión sigue creciendo: el 59% de las compañías destinan al menos un millón de dólares al año a inteligencia artificial, muchas veces sin una estrategia clara para generar ingresos.
Esta desconexión se refleja en otro dato relevante: el 39% de las empresas admiten no contar con un plan formal para monetizar la IA, mientras que el 75% de los directivos consideran que su estrategia responde más a una necesidad de posicionamiento que a una ejecución real.
Más allá del rendimiento, la inteligencia artificial está reconfigurando las dinámicas internas de las compañías. El 54% de los directivos consideran que su adopción está generando divisiones internas, con fricciones entre equipos, áreas y niveles jerárquicos.
En paralelo, emerge una estructura laboral desigual. El 92% de la alta dirección reconoce estar impulsando una nueva élite de empleados especializados en IA, mientras que el 87% considera que estos perfiles son más productivos que el resto. Este fenómeno está consolidando un modelo a dos velocidades que amplía la brecha entre quienes dominan la tecnología y quienes quedan al margen.
La presión también se traslada al liderazgo. El 72% de los CEOs afirman que la estrategia de IA está generando niveles elevados de estrés en sus organizaciones, y el 61% temen perder su puesto si no logran liderar con éxito esta transición.
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El informe también pone el foco en los riesgos asociados al uso no controlado de herramientas. El 35% de los empleados admiten haber introducido información confidencial en plataformas públicas de inteligencia artificial, y cerca de dos tercios de los ejecutivos creen que su empresa ha sufrido una brecha de seguridad como consecuencia directa de estos comportamientos.
A esto se suma una creciente desconfianza en los sistemas. El 28% de los empleados afirman haber obtenido resultados incorrectos, sesgados o peligrosos, mientras que más de un tercio de los directivos reconocen no tener plena confianza en su capacidad para controlar estos riesgos. La gobernanza de la IA se consolida así como uno de los principales retos pendientes.
En conjunto, el informe apunta a una conclusión: la barrera principal para el desarrollo de la inteligencia artificial es más humana que tecnológica. El rechazo responde a factores como el miedo al reemplazo, la pérdida de valor profesional o la falta de confianza en la estrategia corporativa. Mientras, el 60% de los directivos reconocen que planean prescindir de aquellos empleados que no adopten la IA, lo que intensifica una brecha que amenaza al entorno corporativo. .
Más info.: AI adoption in the enterprise