La paradoja de la Generación Z: se informan en redes sociales, pero confían más en medios tradicionales

  • El 75% de los universitarios se informan a través de redes sociales, frente al 47% que recurren a prensa digital
  • La política es el ámbito que más se asocia con las noticias falsas: así lo consideran el 81% de los jóvenes españoles
Una chica mirando el teléfono con cara de preocupación
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La Generación Z se informa principalmente a través de las redes sociales, pero no parece confiar demasiado en ellas. De hecho, los canales que más utilizan para acceder a la actualidad son precisamente aquellos a los que conceden menos credibilidad. Es una de las principales paradojas que dibuja una investigación internacional sobre consumo mediático y desinformación entre jóvenes universitarios de España, Estados Unidos y Portugal.

El estudio “Paradojas en el consumo de medios de la Generación Z y su percepción de las noticias falsas: un estudio comparativo internacional”, publicado en la revista académica Comunicação e Sociedade, analiza las respuestas de 405 estudiantes universitarios: 150 de España, 151 de Estados Unidos y 104 de Portugal. La investigación ha sido realizada por Ana Pérez-Escoda, de la Universidad Francisco de Vitoria (UFV), y Cristina Ruiz-Poveda, de la Universidad Complutense de Madrid. Los datos se recogieron entre noviembre de 2024 y mayo de 2025. 

La actualidad circula en los mismos espacios que el entretenimiento, los memes, la música o las conversaciones personales

Sus resultados ofrecen una fotografía de una generación cuya relación con las noticias ya no puede explicarse únicamente atendiendo a qué medios consultan. La actualidad circula en los mismos espacios que el entretenimiento, los memes, la música o las conversaciones personales; los algoritmos intervienen en la selección de lo que aparece en pantalla y las fronteras entre información y el resto de contenidos son cada vez menos visibles.

Los investigadores enmarcan este comportamiento en lo que denominan una cultura informativa de consumo rápido, superficial y continuo. El smartphone funciona como puerta de entrada a un flujo en el que contenidos de naturaleza muy distinta aparecen prácticamente sin interrupción y donde las redes sociales desempeñan simultáneamente funciones de entretenimiento, socialización e información. 

El 75% de la muestra asegura informarse frecuentemente o siempre a través de las redes sociales, que se sitúan claramente como el principal canal informativo. Las páginas web ocupan la segunda posición, con un 64%, seguidas de la prensa digital (47%), la televisión (37%) y la televisión online (20%). La radio y la prensa impresa quedan relegadas al 8%, mientras que la radio online registra únicamente un 6%.
Los datos confirman así el predominio de los entornos digitales, pero también matizan la idea de que las nuevas generaciones hayan dejado de interesarse por la actualidad. La información sigue formando parte de su consumo cotidiano; lo que ha cambiado sustancialmente son las vías mediante las que llega hasta ellos.

También existen algunas diferencias entre países. El uso intensivo de páginas web para informarse -sumando las respuestas desde “ocasionalmente” hasta “siempre”- alcanza el 93% entre los estudiantes estadounidenses, frente al 85% de los españoles y el 823% de los portugueses. La televisión online tiene asimismo más presencia entre los estadounidenses: la utilizan en algún grado el 52%, frente a aproximadamente el 30% de las muestras española y portuguesa. 
Pero la tendencia general trasciende las fronteras. Las autoras apuntan incluso hacia cierta homogeneización internacional del consumo mediático juvenil: pese a las diferencias culturales de España, Portugal y Estados Unidos, los principales canales utilizados para informarse y los contenidos preferidos son notablemente similares.

Las noticias compiten con el entretenimiento por la atención

Esa convergencia se observa mejor al analizar qué contenidos consumen los jóvenes. El ocio y el entretenimiento lideran con un 73%, seguidos del humor y los memes (64%) y la música (52%). Las noticias ocupan la cuarta posición, con un 35%.
La fotografía resulta significativa porque la información periodística ya no ocupa necesariamente un espacio diferenciado dentro de la “dieta” mediática. Comparte entorno, dispositivo y, con frecuencia, formato con contenidos cuya finalidad es completamente distinta.

La denominada “cultura snack” de la información consiste en un consumo rápido y continuo en móviles y plataformas

Los investigadores relacionan este fenómeno con la denominada “cultura snack” de la información: un consumo rápido y continuo favorecido por dispositivos móviles y plataformas diseñadas para maximizar la atención. En este contexto, una noticia política puede aparecer inmediatamente después de un meme y antes de un vídeo musical, sin que el usuario haya abandonado siquiera la misma aplicación. 

Pero el hallazgo más interesante aparece al comparar consumo y confianza. Los medios que más utilizan los jóvenes para informarse son también los que menos credibilidad reciben. Mientras las redes sociales son utilizadas para informarse por el 75% de la muestra, únicamente un 9% les atribuyen credibilidad. En las páginas web la diferencia también es notable: presentan un 64% de uso frente a un 8% de credibilidad.
La relación prácticamente se invierte en los canales tradicionales. La radio obtiene un 34% de credibilidad, aunque solo el 8% declaran utilizarla frecuente o siempre para informarse. La prensa registra un 32% de credibilidad frente a un 8% de consumo, y la televisión alcanza el 36% de credibilidad, prácticamente el mismo porcentaje que su utilización como fuente informativa (37%). La prensa digital constituye una excepción parcial: registra un 47% de uso y es el medio que obtiene el porcentaje más elevado de credibilidad, con un 50%. 

Así, la Generación Z no necesariamente utiliza las redes porque las considere mejores fuentes informativas. La conveniencia, la accesibilidad, la rapidez y el hecho de que concentren múltiples usos parecen imponerse a la credibilidad.

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Los algoritmos deciden qué información llega

El estudio analiza además hasta qué punto los jóvenes prefieren buscar activamente la información o recibirla a través de mecanismos donde intervienen progresivamente los algoritmos.

España presenta la mayor inclinación hacia una búsqueda deliberada: el 59% de los estudiantes españoles afirman preferir buscar información de acuerdo con sus propios intereses, frente al 523% de los portugueses y el 38% de los estadounidenses.
En Estados Unidos, por el contrario, un 32% prefieren encontrar información mientras navegan por internet, prácticamente el doble que en España (17%) y claramente por encima de Portugal (19%).

La cuestión tiene implicaciones que trascienden la comodidad. Las autoras señalan que los algoritmos funcionan como nuevos gatekeepers o guardianes de acceso a la información. Una función que durante décadas correspondió fundamentalmente a periodistas y editores ahora también está condicionada por sistemas de recomendación que determinan qué contenido obtiene visibilidad. Y ese filtro tiene una particularidad: el usuario no siempre es consciente de que está siendo filtrado. 

La segunda gran paradoja de la investigación aparece alrededor de la desinformación. Pese al peso de las redes sociales en su consumo, una mayoría de los estudiantes analizados consideran que apenas reciben noticias falsas.

Seis de cada diez encuestados creen que las fake news están prácticamente ausentes de su consumo

El 27% afirman no recibirlas nunca y otro 33% aseguran recibirlas raramente. Es decir, seis de cada diez participantes creen que las fake news están ausentes o prácticamente ausentes de su consumo. Solo alrededor de un 20% afirman encontrarlas frecuente o constantemente.

Una posibilidad es que las iniciativas desplegadas para combatir la desinformación estén funcionando. La otra resulta más problemática: que los jóvenes sobreestimen su capacidad para reconocer una noticia falsa y, por tanto, no sean conscientes de que están expuestos a ella. El estudio no concluye cuál de ambas explicaciones es correcta y reclama más investigación. Sí constata, sin embargo, que existe una relación estadísticamente significativa entre el medio utilizado para informarse y la recepción de noticias falsas, mientras que no se detecta una relación equivalente con el país de origen. 

Facebook, X, TikTok y la desinformación

La desconfianza de los jóvenes hacia las plataformas digitales también se aprecia cuando se les pregunta directamente qué canales creen que difunden más noticias falsas. Sumando quienes responden “frecuentemente” y “siempre”, Facebook encabeza claramente la clasificación, con un 78%. Le siguen X (66%), TikTok (65%), el boca a boca (61%), Instagram (58%), las páginas web (57%) y WhatsApp (53%).
Los medios tradicionales quedan muy lejos: solo el 27% los identifican como canales que difunden fake news frecuente o constantemente.

También aquí aparecen diferencias nacionales. En España, el 74% asocian X con la difusión frecuente de noticias falsas, frente al 68% de Portugal y el 56% de Estados Unidos. En TikTok, los porcentajes son del 69%, 64% y 63%, respectivamente. 

La investigación también pregunta a los participantes qué temáticas asocian más con las noticias falsas. La política aparece, con mucha diferencia, como el principal territorio asociado a las fake news en los tres mercados analizados. La vincula con ellas el 81% de la muestra española, el 74% de la estadounidense y el 67% de la portuguesa.

El segundo ámbito es el humor y los cotilleos, aunque con una brecha considerable entre España (68%), Estados Unidos (52%) y Portugal (53%). Salud y dieta ocupa la tercera posición en España y Estados Unidos, mientras que en Portugal registra un porcentaje algo menor. 

 

Más allá de los datos individuales, las investigadoras detectan una tendencia de fondo: la digitalización estaría produciendo cierta homogeneización de los hábitos mediáticos juveniles entre países.
España, Estados Unidos y Portugal presentan diferencias en algunos canales y comportamientos, pero comparten una estructura general: predominio de las redes sociales y las páginas web, escaso peso de la prensa y la radio tradicionales y convivencia permanente entre información y entretenimiento.

YouTube es, además, la red social preferida por el 33% del conjunto de participantes, seguida de Instagram (20%) y TikTok (18%). Pero aparecen diferencias interesantes: YouTube alcanza el 40% en España y el 33% en Portugal, mientras que entre los universitarios estadounidenses baja al 26%. TikTok recorre el camino contrario: es la opción preferida por el 27% de la muestra estadounidense, frente al 14% de la portuguesa y el 11% de la española.

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El reto es aprender a reconocer los bulos

Las conclusiones del estudio sitúan la alfabetización mediática como una cuestión central. No basta con saber utilizar una plataforma, ni la familiaridad tecnológica garantiza automáticamente capacidad crítica para interpretar aquello que aparece en ella. Las autoras recuerdan que investigaciones anteriores han observado que los jóvenes pueden ser conscientes del problema de la desinformación y, al mismo tiempo, sobreestimar su habilidad para diferenciar información verdadera de contenidos falsos o no verificar sistemáticamente aquello que reciben.

El desafío adquiere otra dimensión cuando la selección informativa está mediada por algoritmos opacos. Las plataformas no son únicamente contenedores: sus sistemas de recomendación ordenan, priorizan y hacen visible una parte de la realidad frente a otra. De ahí que la alfabetización mediática contemporánea también implique comprender, al menos conceptualmente, por qué nos llegan determinados contenidos.

Para los medios de comunicación, los resultados plantean un dilema igualmente relevante. Conservan un capital de credibilidad que no se traduce necesariamente en consumo. La Generación Z puede confiar más en ellos y, sin embargo, informarse en otro lugar. Ahí probablemente reside una de las cuestiones más interesantes que abre la investigación. La batalla por las nuevas audiencias no consiste únicamente en recuperar confianza: también exige recuperar relevancia, presencia y capacidad de distribución.

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