Hay correos que pueden esperar, reuniones que quizá no sean tan importantes y mensajes que no necesitan una respuesta inmediata. Coca-Cola parte de esa problemática cotidiana para su nueva plataforma global, “El mundo puede esperar” (“The World Will Wait”), con la que invita a detener momentáneamente las obligaciones y distracciones para recuperar uno de los territorios históricos de la marca: compartir una comida con otras personas.
La campaña pone el foco especialmente en las generaciones Z y Millennial, a las que Coca-Cola sitúa ante una contradicción: valoran la conexión personal y los encuentros con familiares y amigos, pero viven al mismo tiempo entre agendas exigentes y estímulos que compiten permanentemente por su atención.
“Los más jóvenes se sienten abrumados por las presiones de la vida diaria”
“En un mundo que exige constantemente nuestra atención, hemos observado una creciente tensión entre nuestros consumidores, especialmente en las generaciones más jóvenes, que desean sinceramente una conexión genuina, pero que a menudo se sienten abrumados por las presiones de la vida diaria”, ha explicado Arnab Roy, Presidente de la categoría global de la multinacional.
La propuesta comenzó su despliegue global el pasado mes de agosto y aterriza ahora en países como Argentina, donde la compañía encuentra además un contexto cultural especialmente vinculado a las comidas compartidas y las sobremesas. La idea consiste precisamente en invertir las prioridades: aquello que parece urgente puede esperar mientras se comparte una comida.
En Argentina, Coca-Cola amplía el concepto mediante #AFKMeals, una iniciativa que toma prestado el acrónimo “AFK” (“Away From Keyboard” o “lejos del teclado”), habitual en la cultura gamer, para darle un significado diferente. En lugar de utilizarlo como una disculpa por no estar disponible, la marca propone reivindicarlo como señal de que se está prestando atención a algo que sucede fuera de la pantalla.
La publicidad exterior y digital trabaja sobre la misma tensión mediante frases como “Lo ‘urgente’ puede esperar, disfrutar juntos no” o “Nadie dijo nunca: ‘Esta pizza pudo ser un mail”, contraponiendo el lenguaje de la productividad y el trabajo con situaciones de disfrute compartido.
“En Argentina, país donde la mesa y las charlas de sobremesa son un ritual sagrado, esta propuesta cobra un sentido aún más especial”, señala Victoria Castagnino, Directora Senior de Marketing para Coca-Cola Argentina y Uruguay. “Cuando nos juntamos, todo lo demás puede esperar”.
Cuando el trabajo se lleva hasta el absurdo
El concepto ha adquirido un tono diferente en Asia-Pacífico. Para su ejecución en Tailandia, Ogilvy ha llevado la presión laboral al terreno del humor absurdo, utilizando situaciones deliberadamente extremas para cuestionar una cultura marcada por una elevada dedicación al trabajo.
Las piezas “The Dentist” y “The Cable Guy” recurren al surrealismo para llevar hasta sus últimas consecuencias la idea de seguir trabajando cuando, sencillamente, quizá sea momento de parar.
El enfoque amplía el territorio de “El mundo puede esperar”. Frente al tono más emocional de las piezas globales, las ejecuciones tailandesas utilizan el exceso y la comedia para evidenciar hasta qué punto se ha normalizado que las obligaciones laborales invadan prácticamente cualquier momento de la vida.
La adaptación resulta especialmente significativa en una campaña que parte de una tensión global pero busca expresarse mediante códigos culturales locales. En Argentina, el concepto se apoya en la sobremesa y en el lenguaje digital de estar “AFK”; en Tailandia, en una representación exagerada de la cultura del trabajo.
En ambos casos, Coca-Cola recupera un territorio profundamente asociado a su comunicación histórica -las comidas, los encuentros y la conexión entre personas- y lo enfrenta a una tensión contemporánea: la dificultad creciente para considerar que estar con alguien puede ser, por sí mismo, suficientemente importante como para dejar lo demás para después.