Lo que tradicionalmente se ha concebido como un elemento básico, a día de hoy se ha convertido en un producto codiciado, cada vez más diversificado y casi vinculado al lujo. El agua lleva tiempo inmerso en un proceso de sofisticación que ha dado lugar a una nueva categoría de hidratación premium que crece apoyada en el interés de los consumidores en el bienestar y en las oportunidades que encuentran las marcas para potenciar sus oportunidades de negocio.
El agua, esencial para la existencia y el mantenimiento de la vida, ha elevado su estatus y es concebida por muchos como una experiencia a la altura de se vincula al vino, la cerveza o los destilados. Se organizan catas para identificar sabores y texturas, los restaurantes y los hoteles la han incluido marcas y variedades en sus cartas, sugieren , y las empresas productoras han lanzado nuevas referencias para atraer a los consumidores con paladares exigentes.
Pero lo cierto es que la premiumización del agua no es una cuestión reciente. Ya a finales de la década de los 90 y también durante principios de este siglo, comenzaron a aparecer marcas de agua que ponían la tilde en su original procedencia o su composición natural para revestir la bebida bajo un halo de sofisticación. Fiji, por ejemplo, nació en 1996 y centraba su propuesta de valor en un agua artesiana -procedente de acuíferos subterráneos profundos- en las Islas Fiji.
El auge del agua premium
En gran medida su reciente auge corresponde a ciertas fuerzas que están moviendo el mercado, entre ellas, la tendencia a la moderación que también está transformando la categoría de las bebidas alcohólicas. Tratando de adoptar hábitos de vida más saludables y conscientes, muchas personas han rebajado su consumo de alcohol y abrazado alternativas, entre ellas, espirituosos con menor grado de alcohol, bebidas funcionales, los refrescos sin azúcar o el mismo agua.
Pero la hidratación premium también se está consolidando en la convergencia de la salud, la estética y el estilo de vida; y en el hecho de que, en un mercado homogeneizado, los consumidores están cada vez más dispuestos a pagar más por la calidad percibida, el origen y la experiencia. Muestra de ello es, por ejemplo, el reposicionamiento global emprendido por la marca Brita, la empresa alemana de productos de filtración para el agua, para evolucionar de una marca funcional a una de lifestyle con foco en la hidratación como parte fundamental del autocuidado y las rutinas de bienestar.
El agua premium crece en la convergencia de la salud, la estética y el estilo de vida
A esto se suma también el cambio climático y el estrés medioambiental, que dibujan cada vez más el agua como producto de lujo. Además, el aumento de las temperaturas y las consecuentes sequías, como las vividas este verano en gran parte de Europa, crean fricciones en el acceso de la población al agua potable y tensiona los procesos habituales de purificación por parte de las autoridades y servicios pertinentes, llevando a muchos consumidores a contemplar el agua embotellada como alternativa.
La conjunción de factores da alas a la categoría. Por ejemplo, en 2025 el agua mineral natural embotellada fue, un año más, la bebida más consumida en España, según datos la Asociación de Aguas Minerales de España (ANEABE). Apuntan que la producción de esta bebida alcanzó los 6.800 millones de litros, un 1% más que en 2024; con un consumo per cápita de 139 litros. Esto hizo que el agua representara el 48% del volumen total del segmento de bebidas en nuestro país.
La categoría de la hidratación premium
Es por insights como esos que la agencia VML Intelligence apuntó a los sumilleres del agua y, por extensión, a la hidratación premium, como una de las diez grandes tendencias de la industria de la alimentación y las bebidas, en su informe “Future 100: 2026”, publicado a principios de este año. Entre otras cosas, explica que a medida que la hidratación se vuelve más sofisticada, el agua comienza a convertirse en algo para degustar, comentar, exhibir y experimentar.
Y la industria está realizando movimientos estratégicos al respecto. El pasado mes de julio, Heineken impulsó la diversificación de su portfolio de productos no alcohólicos con la adquisición de RainForest Water, una marca de agua artesiana que asegura ser embotellada directamente en su fuente natural, en botellas de aluminio reciclables y reutilizables. Además, apuesta por la energía renovable e iniciativas para la reforestación.

Por su parte, a finales del año pasado, Powerade, marca propiedad de Coca-Cola, presentó Power Water, su primera innovación de producto en cinco años y su incursión en el territorio del agua, en este caso, el agua funcional. La marca asegura que bebida cuenta con un 50% más de electrolitos que sus competidores, y se presenta en cuatro sabores distintos. Con este movimiento, busca competir con Propel, la marca de agua embotellada de Gatorade, propiedad de Pepsi.
Más allá de los grandes grupos fabricantes, la categoría se ha expandido de la mano de nuevas marcas que han ido llegando al mercado y que han nacido directamente con propuestas centradas tanto en el origen como la calidad del agua y la sostenibilidad de los envases o de los procesos de distribución.
Es el caso de Ursu, el agua lanzada por Cristiano Ronaldo en 2023 y que se basa en un agua mineral alcalina natural que proviene de El Oso, Ávila; o de Nea, una marca creada en 2020 y que asegura que su agua es pura y fresca al proceder de un manantial de los Alpes. Además, a diferencia de la mayoría de marcas del sector, se comercializa en lata, lo que según explican, garantiza la pureza total y evita los microplásticos y la degradación del liquido al bloquear la luz y el oxígeno con su opacidad. Su propuesta sostenible también incluye el destino de parte de las ventas a proyectos de repoblación de los ecosistemas de coral.
El agua como experiencia
Más allá de las marcas y sus propuestas, el agua se está convirtiendo en un medio experiencial, más que en una bebida. Por ejemplo, al Escuela Española de Cata ofrece cursos presenciales de cata de aguas para profesionales o aficionados de la gastronomía en los que enseña a distinguir matices de sabor, color y olor mediante la prueba de aguas como 22 Artesian Water, Voss o Fuentes de Lebanza, que son algunas de las marcas premium de agua más destacadas del sector.
El agua también es una pieza clave en la propuesta de bares y restaurantes. El restaurante O Lar do Leitón, en Ourense, ha construido parte de su notoriedad gracias a su amplia carta de aguas. Es más, asegura que es una de las más extensa del mundo. Cuenta con más de 160 referencias entre las que se incluyen marcas cuyo agua procede de manantiales españoles, como Cabreiroá, Font Vella, FuenteLiviana o Montepinos. Pero también incluye aguas procedentes de iceberg o glaciar, con origen Chile, Canadá, la Patagonia o Noruega; o de acuíferos históricos.
La carta, además, está clasificada en función de sensaciones y emociones, como la curiosidad, la tentación o la timidez; así como por su posible maridaje. También para momentos especiales, donde se incluyen las insignias más exclusivas de la categoría, como Svalbardí, de Noruega, cuya botella más barata de agua de iceberg se vende a casi 100 euros en la tienda online de la marca.

Sin embargo, la presencia de marcas premium está traspasando las fronteras habituales en las que solía encontrarse, como eran los hoteles de cinco estrellas o los restaurantes de alta cocina. Como apunta el informe de VML, cada vez más consumidores incorporan de forma recurrente el agua premium a su vida cotidiana, ya sea en el hogar y o en la práctica del ejercicio.
Y esto hace que el agua se esté alzando también como un símbolo de estatus. Su procedencia, su diseño, o su precio, comienzan a entenderse, como sucedería en la moda, como reflejo de la identidad personal. Y esto implica una forma completamente nueva de abordar el marketing y la comercialización de un producto que hasta el momento era una commodity, y consolida una nueva etapa en el sector de las bebidas.