El Papa León XIV ha vuelto a situar la inteligencia artificial entre los grandes desafíos de nuestro tiempo. Cuatro meses después de dedicar buena parte de su primera encíclica, “Magnifica Humanitas”, al impacto de esta tecnología sobre la dignidad, la libertad, el empleo y las relaciones humanas, el pontífice ha aprovechado su visita oficial a Francia para insistir en la necesidad de mantener a la persona en el centro del desarrollo tecnológico.
Lo ha hecho durante su intervención ante las autoridades, la sociedad civil y el cuerpo diplomático en el Palacio del Elíseo, en París. Allí ha advertido del riesgo de “perder nuestra humanidad” en medio de un “paraíso de máquinas” que invade y condiciona nuestra vida cotidiana. La expresión recupera una reflexión del escritor francés Georges Bernanos y le ha servido para reclamar una mayor formación ética ante la implantación de sistemas tecnológicos cada vez más presentes en la vida de las personas.
“Para no perder nuestra humanidad en medio del ‘Paraíso de las Máquinas’ que invaden y condicionan nuestra vida cotidiana, es urgente formar las mentes en un discernimiento ético capaz de distinguir lo que es moralmente bueno”, ha señalado León XIV.
El nuevo pronunciamiento da continuidad a una cuestión que ha ocupado un lugar destacado desde el comienzo de su pontificado. El propio León XIV recordó en París que consideró “indispensable” abordar la inteligencia artificial en su primera encíclica con el objetivo de “volver a situar a la persona humana en el centro de toda reflexión”.
En su intervención ha relacionado los actuales avances tecnológicos con una cuestión que trasciende las capacidades de las propias herramientas: qué ocurre cuando el progreso científico y técnico se separa del criterio ético que determina cómo debe utilizarse.
El Papa ha recurrido a la experiencia histórica para ilustrar esa preocupación. Al abordar los conflictos y las armas desarrolladas durante el siglo XX, ha recordado cómo la humanidad ha comprobado que el progreso científico, cuando se desvincula de la sabiduría, puede emplearse como instrumento de destrucción. Desde esa perspectiva, reclama que las nuevas tecnologías permanezcan al servicio de la persona y no se utilicen como instrumentos de dominación o injusticia.
Su reflexión se detiene también en el propio concepto de “inteligencia” aplicado a las máquinas. León XIV señala que las sociedades han ido delegando progresivamente en ellas tareas anteriormente realizadas por seres humanos y que, más recientemente, determinados sistemas artificiales han recibido incluso el nombre de una facultad específicamente humana.
Frente a ese avance, advierte de un posible proceso de “deshumanización” en el que las ideas y las relaciones se empobrezcan mientras las personas terminan siendo evaluadas principalmente mediante criterios de eficiencia y productividad.
Una preocupación que ya marcó su primera encíclica
Las palabras pronunciadas en París profundizan en el posicionamiento sobre inteligencia artificial que León XIV estableció en mayo con “Magnifica Humanitas: Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”.
En aquel documento, el Papa advirtió de la concentración de poder tecnológico en grandes compañías, de los sesgos de los sistemas, de su posible impacto sobre las relaciones personales, el empleo, la privacidad y la desinformación, así como de la creciente dependencia de las plataformas digitales.
También reclamó una política “más presente”, marcos jurídicos adecuados, mecanismos independientes de vigilancia y una mayor formación de los usuarios. Uno de sus planteamientos centrales era que la inteligencia artificial no debía entenderse como una tecnología moralmente neutra, puesto que tanto su diseño como sus aplicaciones incorporan decisiones humanas.
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La inteligencia artificial ha sido, además, uno de los asuntos abordados en el encuentro entre León XIV y el presidente francés, Emmanuel Macron. El Elíseo ha señalado que ambos trataron los principales desafíos globales compartidos por Francia y la Santa Sede, entre ellos específicamente el clima y la IA.
Las nuevas declaraciones refuerzan así una línea que León XIV ha mantenido desde el comienzo de su pontificado. Y es que el debate sobre la inteligencia artificial, según él, no debe limitarse a cuánto puede hacer la tecnología y extenderse a quién establece sus objetivos, bajo qué principios se desarrolla y qué lugar reserva finalmente a las personas.