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Cuando a tu equipo le cuesta innovar. Cuando tu equipo se bloquea. Devising Releasers acude en tu ayuda. Para situarlo en un nuevo MoMENTo. Para la creación e innovación.

 

Fernando Bercebal es el director de Momento Devising Consultors, una empresa que trabaja en el mundo de la pedagogía en general, pero poniendo especial interés en el sector de las artes escénicas.


En cualquier equipo de trabajo dentro de las artes escénicas, el punto de apoyo de todo el proyecto es el ‘desbloqueador creativo’. Los demás trabajan al mismo nivel y colaboran todos con todos, pero las decisiones importantes, en general, las toma él. 


¿Qué significa ser un desbloqueador creativo? 


Cuando existe un problema, hay dos opciones. O se le ponen tiritas, o se le aplican vacunas. Cualquier otro llega, aplica la solución al problema y deja el engranaje funcionando hasta que se vuelva a estropear. 


El desbloqueador es el engrasador de la creatividad. Su trabajo es sumergirse en el equipo de trabajo que tiene el problema, para encontrar una solución desde dentro y enseñar a ese equipo a funcionar. El objetivo es que pueda irse y que la máquina no se estropee en mucho tiempo. Hacer que la gente se escuche, hacer que trabajen como equipo y conseguir que la potencialidad creativa de cada uno salga a flote y todos puedan verla es el objetivo.


La diferencia del ‘devising art’ con las demás técnicas de trabajo es que, de cada día de trabajo normal, se sacan 5 ó 6 días de trabajo reales. En cualquier obra normal, por ejemplo, se ensaya cada escena por separado. Mientras el director y los actores están trabajando, el resto del equipo mira. Con esta mecánica todo cambia, ya que mientras unos ensayan una escena, el equipo musical está preparando una coreografía, los técnicos trabajan con la iluminación y los actores ensayan sus papeles.


Bercebal



Fernando Bercebal nos propuso en la tercera jornada del Zinc Shower una serie de ejercicios muy curiosos. 

 

Trabajar con eficacia


El primero era fácil: de cuatro en cuatro, todos los asistentes salimos a la pizarra a escribir preguntas. Solo había un requisito: tenían que ser cuestiones que quisiéramos que estuvieran respondidas cuando acabara la ponencia. Esto tiene un objetivo claro: en muy poco tiempo, conocer lo que queremos hacer, conocer las cuestiones que se plantea el resto del equipo y resolverlas entre todos.



Chica pizarra



Las primeras preguntas que se plantearon eran del tipo de: ¿Cómo identificar tu mejor talento, para especializarte en él? ¿Cómo aplicar la creatividad a la búsqueda de financiación? ¿Cómo construir un equipo creativo divertido? 



Grupo



La segunda parte del ejercicio fue completamente distinta. Todos en pie teníamos que buscar algo que nos hubiera llamado la atención a la altura de nuestros ojos. Una vez localizado, teníamos que dirigirnos, con los ojos cerrados, hasta el punto que habíamos visualizado, hasta tocarlo. La mayoría de la gente se dirigió hacia un mural que habían construido en la ponencia anterior. La verdad es que era vistoso, razón no les falta.



Mural



Ahora teníamos que dirigirnos, con la mayor urgencia posible, a otro punto diferente. ¡TODOS CORRIENDO! Como es normal, acabamos todos desperdigados por la sala. 


Después cuatro voluntarios tocaban tres puntos que les habían llamado la atención, corriendo también. Otros cuatro tenían que hacer lo mismo, pero pensando el siguiente punto que iab a tocar cuando tocaran el anterior. Parándose a pensar.



Tocando el mural



Aunque Fernando llevaba varias rondas sin decir la palabra ‘urgente’, la gente seguía corriendo. Al proponernos un objetivo concreto y apremiarnos a controlarlo, se nos quedan ‘residuos de urgencia’ y el resto del tiempo trabajamos con más eficacia. 

 

Rutina eficaz


El siguiente ejercicio fue más complicado. Fernando dijo ‘ya’ y todo el mundo empezó a caminar. Cuando dijera ‘stop’, había que parar. El objetivo era que, al final, la gente empezara y terminara de andar A LA VEZ sin que él dijera nada. Y funciona. Una vez que nos sumergimos en una rutina de trabajo eficaz, la máquina tira sola. 



Andando



Conocer a los demás

Lo siguiente que hicimos fue el típico ejercicio de mirarnos a la cara durante treinta segundos. El problema es que, si se escucha la más leve risilla, el tiempo vuelve a empezar. Pero somos unos cracks: nos salió a la primera. Fomentar la confianza y conocer a los demás, es fundamental. 



Mirandose



Contar hasta tres


Es increíble cómo nos podemos complicar contando hasta tres, pero por parejas. Si utilizamos el lenguaje, sale más o menos bien, pero en cuanto intentamos mezclar, por ejemplo, una palmada en vez del uno, con las palabras, todo se complica. Y si metemos dos movimientos y una palabra, todo se convierte en un caos. 


Este ejercicio nos enseñó dos cosas: la primera es que aquello que creemos que es muy fácil, cuando lo aplicamos al mundo real vemos que no es tan sencillo como parece. Y la segunda es que los equipos, cuando trabajan con el mismo lenguaje, se entienden, pero cuando hablan idiomas distintos, no. Hay que intentar encontrar un idioma común para todos. 



123



La técnica del espejo


Buscar a una persona que tenga la mano más o menos de nuestro tamaño entre la gente del grupo es sencillo. Buscar alguien que comparta nuestro número de pie se complica, pero tampoco mucho. Pero… ¿y cuando tenemos que buscar a alguien con quien compartamos color de ojos? Ahí ya necesitamos un tercero que haga de juez, porque lo que a nosotros nos parece no es siempre lo correcto. 


Conclusión


Según Fernando Bercebal, estas dinámicas de grupo son fundamentales para que un equipo trabaje dando el máximo potencial. Cada ejercicio es una pequeña prueba para romper los ‘corsés’ que tuviéramos y estar realmente ‘desatados’. “Todos podemos llegar a ser Mozart”. 

Esto es motivar, y lo demás son tonterías. 


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