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Para ser un genio hay que bajar del pedestal. Los visionarios que fueron capaces de afrontar los problemas desde otro punto de vista no son más que personas. Y se equivocaron más veces que nadie en su camino.


Cuando has escrito un libro titulado “Piensa como un genio” a veces tienes que enfrentarte a una pregunta complicada: “¿Si me leo este libro, pensaré como un genio?”. No puedes decir que sí, porque leerlo no es garantía de nada. No puedes decir que no porque… ¡das a entender que el título es engañoso!

 

Juan Prego, quien forma parte del equipo que revolucionó Internet lanzando la primera publicidad “Fuera del Banner” en 1999, encontró una respuesta sencilla a esta pregunta: “¿Pero cómo sabes que no eres un genio? ¿En qué momento de tu vida decidiste que tú no podías pensar como Einstein o Leonardo Da Vinci?”.


einstein


Gran parte del trabajo que del que vino a hablarnos Juan Prego en latercera jornada del Zinc Shower consiste en bajar del pedestal a los genios. Esos visionarios que fueron capaces de afrontar los problemas desde otro punto de vista, que fueron capaces de cambiar el mundo con su creatividad, no son más que personas. Y se equivocaron más veces que nadie en su camino.

 

¿Cómo aplicar la creatividad al emprendimiento? 

Montar una empresa no es más que encontrar un problema y darle una solución en forma de empresa. Para ilustrarlo, Prego nos puso un ejemplo de un ejercicio de emprendimiento que se realiza en la Universidad de Stanford. La clase se divide en grupos y a cada grupo se le dan 50 dólares. Con eso tienen una semana para organizar una actividad que genere ingresos y luego presentarlo a toda la clase en una exposición de tres minutos.

En la resolución de este problema, hay 4 estilos diferentes:

 

1. Los kamikazes. Beneficio= 0 dólares. 

Son los que cogen los 50 dólares, se van al casino y dicen: ¿rojo o negro? Muchas veces pierden todo el dinero. Eligen un camino muy arriesgado, que les ofrece unas probabilidades de éxito del 50%. Y es el camino que elegimos cuando no innovamos. ¿Me copiarán o no me copiarán? ¿Comprarán mi producto o el de al lado?

 

2. Los tradicionales. Beneficio= 30-40 dólares.

Este grupo mira los 50 dólares y piensa qué pueden comprar y a cuanto lo pueden vender. Suelen comprar harina y vender pan y galletas, o comprar limones para hacer limonada, o comprar un cubo y una esponja para lavar coches. 

 

limonada

 

3. Los creativos. 300-400 dólares.

Pasan un poco más de tiempo pensando en el problema, hasta que se dan cuenta de que los 50 dólares, más que ayudarles, les limitan. 50 dólares es tan poco… ¡que casi es como no tener dinero! Así que se plantean: ¿qué negocio podríamos organizar sin dinero? Dos de los proyectos que surgieron de este grupo se basaron en identificar un nicho de mercado. Un grupo se dio cuenta de que en el campus había mucha gente en bicicleta, pero ningún taller de bicis cercano. Así que usaron un inflador viejo y unos alicates y se dedicaron a ofrecer mantenimientos y reparaciones por 5 dólares. La gente quedó tan satisfecha ¡que pagaron más! Otro grupo se fijó en cómo los restaurantes del campus siempre tenían cola y se les ocurrió vender mesas vip por un precio de 10 dólares. 

 

4. Los radicales. Beneficio= 1200 dólares.

Son innovadores disruptivos. Aparecen cuando alguien se da cuenta de que  tienen más recursos de los que pensaban. En este caso se dieron cuenta de que tenían 3 minutos de presentación ante un grupo de 400 estudiantes procedentes de familias de clase media-alta. Así que se guardaron los 50 dólares y vendieron los 3 minutos como publicidad ¡por 1200 dólares!

 

Muchas veces la creatividad está en la forma de ver. En identificar las necesidades del mercado, innovar y adelantarse a ellas. “El top 10 de profesiones más demandadas hoy en día no existía hace 10 años”, explicaba Prego. Community Managers o desarrolladores de apps son profesiones y empresas de nueva creación.

 

Todos tenemos la capacidad de emprender

Sólo necesitamos 3 ingredientes básicos:

1. Intención: tienes que saber a dónde vas a dirigir tus esfuerzos y para qué. ¿Quieres ganarte la vida? ¿Quieres tener el respeto de los demás? ¿Quieres dejar una huella en el mundo? ¿Quieres mejorar las vidas de otros? En todo proyecto hay momentos en los que hay que hacer tareas que no nos gustan. Pero tener un fin en mente es lo que nos puede hacer seguir.

2. Habilidad: sí, hay que ser bueno. Pero todos somos buenos en algo, así que sólo es necesario encontrar nuestro don y explotarlo.

 

 

3. Voluntad de trabajo: hay que trabajar mucho. Trabajar en algo que te guste. Cuando eres emprendedor tu vida y tu trabajo son lo mismo, así que tiene que gustarte. Y aunque siempre hay tareas que no nos apasionan, tenemos nuestro objetivo en mente y somos capaces de seguir trabajando.

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