Síguenos en:
Actualidad e Investigación sobre Marketing, Publicidad, Empresa y Tecnología

Las cosas que dan miedo son las que realmente merecen la pena. Intentar entrar en Hollywood con una película de animación española y sin ningún contacto allí podía parecer una locura. Pero con un buen equipo y muchas ganas, todo es posible.


“Las cosas que dan miedo son las que realmente merecen la pena”. Es la conclusión de Javier Abad, director de animación y co director de Planet 51, después de su aventura en Hollywood. Cuando él y su equipo de la productora Ilion decidieron que querían hacer una superproducción en Hollywood, con profesionales españoles y sin ninguna experiencia ni contacto en el mundo del cine, todos les dijeron que estaban locos. Siete años después se estrenó la película que vio las pantallas de medio mundo.

 

planet 51 poster

 

No era la primera vez que los llamaban locos. El equipo se había formado en Pyro Studios, la productora de Commandos, y también la única empresa española que ha logrado la fama internacional vendiendo videojuegos. El director de Pyro, Ignacio Pérez, les propuso a Abad y a sus compañeros Jorge Blanco y Marcos Matínez montar un estudio de animación.

Eso sí, con una condición: sólo lo harían si encontraban una idea que valiera la pena. Pérez no quería nada que oliera a Hollywood, nada que pareciera viejo, quería algo original. El equipo le presentó dos ideas a la semana durante meses, sin que Pérez aceptara ninguna.

Hasta que apareció la idea de contar la historia de los marcianos al revés: un mundo extraterrestre en el que hay algunos locos que creen en los humanos. Había nacido Planet 51.

 

Por algo se empieza...

Abad explicaba sus primeros pasos en el mundo de la producción en la segunda jornada del Zinc Shower: 

  • Encontrar a un equipo que supiera todo lo que ellos desconocían del mundo de la animación
  • Diseñar los personajes
  • Fichar al escritor Ray Loriga para el guión
  • Llegar a un prototipo que vender

Ni cortos ni perezosos, Abad y su equipo se plantaron entonces en Hollywood.

 

planet 51

 

La idea era un bombazo, sí. Pero la experiencia en Hollywood fue fatal. Ni Universal, ni 20th Century Fox, ni Sony, ni Paramount, ni Disney, ni Warner Bross ni ninguna de las otras grandes productoras la quisieron comprar. 

Lo único que sacaron del viaje fue una conclusión: el proyecto fallaba porque no había nadie con experiencia y contactos en el equipo para que diera confianza a estas grandes empresas. Incorporar a una persona reconocida en Hollywood podía ser la solución. 

En Ilion las cosas se hacen a lo grande, o no se hacen. Así que el personaje que ficharon fue ni más ni menos que Joe Stillman, guionista y productor de Shrek y Shrek 2. Una eminencia en el campo.

 

shrek

 

Stillman fue clave para adaptar la película al público familiar americano. Trabajaron con él durante un año, en el que, según Abad, aprendieron de verdad a hacer cine. Y con un producto nuevo que vender, cogieron las maletas y se fueron a Hollywood.

 

“Fue igual de mal”, explicaba Abad. El mismo portazo en cada una de las productoras existentes. Cualquier otro había tirado la toalla. Pero ellos decidieron darle aún un empujón más al proyecto y se pusieron en contacto con la productora británica Hand Made Films para hacer una co-producción.

 

Hand Made Films tenía los contactos necesarios en Hollywood y gracias a ellos consiguieron hablar con los auténticos tomadores de decisiones de Hollywood. Fue New Line Cinema, filial de Warner Bross, la productora que se enamoró del proyecto y lo compró. ¡A la tercera va la vencida!

 

new line cinema

 

“Cuando trabajas con una gran productora lo malo es que quieren cambiar todo lo que ya has hecho. Y eso es un enorme sacrificio. Lo bueno, que el proyecto sigue adelante, Ilion crece hasta los 350 empleados, la película empieza a tomar forma”. Se ficharon los actores, que empezaron a trabajar. Auténticas estrellas como Jessica Biel, Duane Johnson, Justin Long, Seann William Scot, John Cleese 

 

Jessica BielDuane Johnson

 

Abad lo definió como “la época más feliz del proyecto”. 

 

Los problemas no cesan

Pero aún había otro obstáculo inesperado en el camino. New Line Cinema es la filial de Warner que hace películas de bajo presupuesto y proyectos arriesgados que nadie quiere. Y mientras Planet 51 estaba en producción, llegó a New Line un proyecto que había sido rechazado por todos los demás. Creían que sería un fracaso porque sólo los ‘frikis’ irían a verla, que sería aburrida, demasiado clásica y además el director estaba empeñado en filmar tres películas seguidas, con lo cual, si la primera fracasaba, todo el proyecto era una pérdida de tiempo. ¿Lo habéis adivinado?

 

lord of the rings

 

Era El Señor de los Anillos. La película ganó tanto dinero que New Line Cinema decidió que estaba harta de ser la hermana pequeña de Warner Bros y que a partir de ahora iba a dedicarse a las superproducciones. Planet 51 quedó apartada, por supuesto. Y además New Line tuvo tan mala suerte que el siguiente proyecto que eligió fue la trilogía infantil The Golden Compass.


golden compass

La saga fue un fracaso en Estados Unidos. Y Warner decidió cortar cabezas en New Line. Una de las cabezas fue la de Planet 51. En el tramo final de la producción y, de nuevo, Ilion estaba sin absolutamente nada.

 

Quien la sigue, la consigue

Abad reconoce que tuvo suerte, porque pasaron pocas semanas antes de que Sony llamara a su puerta. Tenía un hueco que coincidía con la época en que Planet 51 estaría terminada, y decidió comprarla y lanzar de nuevo el proyecto.

 

¿Lo malo? Que a nueva productora, nuevos cambios en la película, y un montón de trabajo que se iba directo a la basura. ¿Lo bueno? Que Planet 51 por fin vio la luz, siete años después de que apareciera una idea loca entre un grupo de amigos españoles que no tenían ni idea de hacer cine.

 

 

*Conclusión

En Zinc Shower definieron bien esta sesión, descrita en el programa como “experiencia inspiradora”. Mientras Javier Abad se despedía, el público salía de la sala Cinateca A pensando que realmente no hay nada imposible.

Portada