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Servicios como Netflix cambiarán el funcionamiento del cerebro
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Servicios como Netflix cambiarán el funcionamiento del cerebro

La programación de las series de televisión, basada en entregas semanales, está siendo superada por el aquí y ahora que ofrecen servicios como Netflix. El consumidor ha pasado de la emisión impuesta por la grandes cadenas a tener que dosificarse los contenidos.

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Netflix y otros servicios similares han cambiado las reglas del juego del entretenimiento, y no sólo por cómo podemos acceder a los contenidos. También están afectando a lo que hay detrás de nuestros ojos, a la dinámica de la gratificación que nuestro cerebro está entrenado desde hace años para obedecer.

David DiSalvo hacía esta semana una interesante reflexión en Forbes sobre como este tipo de servicios está cambiando el funcionamiento del cerebro de la población.

Y es que el modelo de Netflix se caracteriza por emitir temporadas completas de las series en lugar de ir haciendo entregas semanales. Algo que va en contra de las “reglas” tradicionales de los contenidos en televisión.

Así, cientos de miles de fans esperan la llegada de una nueva temporada de su serie favorita para poder pegarse el atracón de contenidos.

Antes de que Netflix introdujera este formato, los usuarios todavía vivían en los tiempos de las entregas semanales. Por eso cada persona tenía su día de la semana favorito, coincidiendo con el día en el que se emitía un nuevo capítulo de la serie que estuviera siguiendo.

Con todas estas series se ha seguido la dinámica de la gratificación con retraso, es decir, aunque el usuario no viera las series por televisión, sino por Internet (a través de páginas de descargas), sólo podía acceder a los contenidos que seya se habían emitido.

Lo que no se ha emitido aún en televisión no está accesible para nadie.

Y no es que las productoras vayan grabando las series al límite, semana a semana. Los siguientes episodios ya se han grabado pero los espectadores deben obedecer a una restricción que les viene impuesta.

De esta forma, los espectadores han sido entrenados para retrasar su gratificación. Esperan cada semana la llegada de su serie o programa favorito porque creen que el hecho de hacerlo les permitirá ver un contenido de mejor calidad. Y, mientras tanto, han aprendido a saciar su “apetito” de contenidos.

David DiSalvo dice en su reflexión que, de todas formas, el modelo de la gratificación con retraso no es del todo malo:

  • Le da a la gente algo por lo que esperar cada semana, haciendo que el tiempo pase más rápido hasta que llega el día de emisión. Ese sentimiento de anticipación proporciona un “chute” neuroquímico que funciona como una especie de antidepresivo natural.
  • Mantiene a la gente involucrada por el deseo continuado de que llegue una nueva entrega. De esa forma, entre emisión y emisión, la gente habla y genera conversaciones sobre el programa o la serie en cuestión. Es como un catalizador de la interacción social.
  • Ver contenidos de forma semanal evita que una persona se encierre durante días en su casa para ver una temporada completa de una serie.

 


¿Qué pasa cuándo entran en juego servicios como Netflix?

Pues que los límites se superan y el manjar está ahí al completo para ser consumido en cantidades "nivel sobredosis".
Es donde se requiere de la capacidad de dosificación del ser humano, un factor psicológico del que no todo el mundo dispone y para el que aún no hemos sido entrenados.

El debate queda abierto: ¿entretenimiento tipo autoservicio o entregas semanales con gratificación contenida?



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